21/1/22
La verdadera memoria histórica
19/1/22
El uso demagógico de la figura de Wilhelm Reich: la irracionalidad de la propaganda anticomunista
Creo que nunca ha habido tanta confusión y tanta mezcla de medias verdades, verdades maquilladas e incluso verdades completas con mentiras, desde las más sutiles hasta las más evidentes, pasando por toda una escala de grises, como en la era tecnológica. A lo largo de la historia, se ha perseguido a científicos y pensadores que resultaban un peligro para el statu quo. A partir del Renacimiento, los herejes eran sometidos a procesos inquisitoriales, pero desde mediados del s. XX, los métodos de censura y persecución han cambiado. En una sociedad en la que apenas hay analfabetismo y todos los ciudadanos tienen acceso a la cultura, la mejor manera de asegurar el orden establecido es controlar esa misma cultura, así como toda contracultura y disidencia. Así pues, no es extraño encontrar material sobre grandes revolucionarios del pasado en el que, para servir a determinados intereses (consciente o inconscientemente) se omite parte de las conclusiones a las que estos personajes llegaron y se ajusta lo que sí se cuenta a ideas que nada tienen que ver con su pensamiento y que incluso chocan con el mismo.
Tal es el caso de una serie de afirmaciones que encontré hace poco en una edición corregida y aumentada del Manual del acumulador de orgón, de James DeMeo. Sin entrar a juzgar su trabajo en el campo de la orgonomía, algo que no me corresponde a mí, sí que voy a analizar en este artículo la tergiversación que hace de la figura de Wilhelm Reich, de quien llega a afirmar que era liberal y anticomunista. Tengamos en cuenta que DeMeo es, por lo que deducimos de sus escritos, un anticomunista recalcitrante y que, a pesar de que, en teoría, conoce en profundidad toda la obra reichiana, llega a hacer pasar sus ideas por las del propio Reich.
DeMeo llega al colmo de la irracionalidad cuando, en el apartado titulado “Nueva información sobre la persecución y muerte de Reich”, llega a inventarse una conspiración por parte de la Comintern, del espionaje ruso que controlaba distintas organizaciones, instituciones y medios de comunicación de Estados Unidos y de socialistas que financiaban la FDA. ¿No recuerda esto bastante a las teorías de la amenaza socialcomunista que estaría, según la falsa disidencia derechista, detrás de la farsa pandémica y del totalitarismo sanitario actual, aunque tales elucubraciones no tengan ninguna coherencia? Recordemos que la FDA empieza a investigar a Reich en 1947, que años después quema su material y su obra, y finalmente es condenado a dos años de cárcel en 1957, donde muere el 3 de noviembre de ese mismo año. Pues bien, según DeMeo, el gobierno estadounidense no habría tenido nada que ver, pues eran el espionaje ruso y los socialistas internos quienes estaban detrás de todo.
El objetivo de la propaganda anticomunista es el mismo ahora que durante la Guerra Fría: presentar el capitalismo como el mejor sistema posible y tener un chivo expiatorio al que poder culpar de todas las consecuencias de este sistema (desigualdad, pobreza, desempleo; expolio y hambrunas en los países colonizados; contaminación del medio ambiente; etc.). El capitalismo es una de las formas que toma el patriarcado que lleva dominando la civilización algunos milenios (ya hemos hablado de esto en artículos anteriores y podéis consultar la obra de Casilda Rodrigáñez y del propio Reich para obtener más detalles), pero ambos, patriarcado y capitalismo, buscan esencialmente la acumulación de riqueza en pocas manos, la cual no es posible sin una gran mayoría de seres humanos acorazados, con capacidad de sometimiento “voluntario” al poder y que reproduzcan, a pequeña escala, los valores patriarcales y/o capitalistas (esto se hace en la familia autoritaria a través del triángulo edípico). ¿Y cómo se consigue el sometimiento? A través de la represión sexual de la que ya hemos hablado también. Wilhelm Reich, discípulo de Freud y de cuyas ideas después se alejaría, centró toda su investigación en combatir la represión sexual. Pronto, en su trabajo de análisis del carácter (que tenía su origen en el psicoanálisis y que derivó en la orgonterapia), se dio cuenta de que era inútil limitarse a devolver la salud a sus pacientes si, a causa del sistema imperante, por cada tratamiento exitoso se estaban creando numerosas neurosis. Por ello, se dedicó intensamente a la liberación sexual mediante su activismo político, que realizó algunos años formando parte del Partido Comunista, bajo cuyo amparo creó la Sexpol (Asociación para una política sexual proletaria). Sin embargo, en 1933 es expulsado del partido. Precisamente este hecho es aprovechado por propagandistas como DeMeo para tildar a Reich de anticomunista, sin detenerse en los matices. Es cierto que a partir de determinado momento, el autor sufre censura y persecución por parte de organizaciones que se calificaban a sí mismas de comunistas, pero la causa de ello no eran los principios comunistas, sino el carácter neurótico de los militantes que se habían hecho con el control.
Si queremos pruebas de esto, no tenemos más que ceñirnos a la obra del propio Reich. El libro Psicología de masas del fascismo, publicado en 1934, está dedicado a explicar con todo detalle el origen del fascismo, que va más allá del nazismo y en el que han caído tanto el estalinismo como democracias occidentales. En esta obra, además de analizar el nazismo, se pregunta cómo es que la revolución rusa, que él siempre juzgó de manera positiva, acabó derivando en el autoritarismo de Stalin. Un punto fundamental, examinado en el apartado 4 del capítulo 9, es la extinción del Estado. Ofrece al lector un resumen de las ideas a este respecto de Marx, Engels y Lenin. Por ejemplo, haciendo referencia a Engels, nos dice que el Estado desaparecerá inevitablemente cuando desaparezcan las clases sociales. Lenin, por su parte, explicó por qué la llamada dictadura del proletariado era un paso necesario para llegar a una sociedad comunista. Antes de llegar a la extinción total del Estado, había que suprimir el Estado capitalista y construir un “aparato de Estado revolucionario-proletario”. Remito al lector de este blog al mencionado apartado de Psicología de masas del fascismo para que tenga un conocimiento más profundo de las condiciones en las que debía darse dicha extinción del Estado, la cual, sin embargo, no se dio. ¿Por qué?, se pregunta Reich: “¿por qué el Estado no se extinguió? ¿Qué relación guardaban las fuerzas que sostenían el «Estado proletario» con las otras fuerzas, que representaban su extinción? ¿Qué es lo que detuvo la extinción del Estado?” Y continúa más adelante:
“¿De qué depende que los soviets cumplan su función progresiva y revolucionaria o que se conviertan en estructuras vacías, meramente formales, de una corporación administrativa estatal? Al parecer, depende de lo siguiente:
Este tercer punto es el decisivo, pues de su concreción dependían en la Unión Soviética tanto la «extinción del Estado» como el que las masas humanas trabajadoras asumieran las funciones de los soviets.
Por tanto, la dictadura del proletariado no debía ser un estado permanente, sino un proceso, en cuyo comienzo se encontraría la destrucción del aparato estatal autoritario y la construcción del Estado proletario, y en cuyo final se hallaría la autoadministración total, el autogobierno de la sociedad.”
Nos queda claro al leer estas líneas que Reich apoyaba los principios en los que se había basado la revolución rusa, por tanto, se confirma lo que comentaba al principio del artículo: que no tiene sentido tildarlo de anticomunista a no ser que se haga con un fin propagandístico en apoyo del statu quo que el propio autor combatió durante toda su vida y por lo cual fue perseguido y finalmente encarcelado. Pero, volviendo a las disquisiciones acerca del desarrollo político y social de la URSS, continúa: “Lenin no vio los peligros de los nuevos funcionarios estatales. Evidentemente, pensaba que los funcionarios provenientes del proletariado no harían un uso impropio de su poder, cultivarían la verdad y conducirían al pueblo trabajador hacia su independencia. No advirtió la abismal biopatía de la estructura humana. En realidad, no la conocía”. Reich sí la conocía. En el momento de escribir el libro, llevaba unos cuantos años tratando los estragos del carácter neurótico. Hago un inciso aquí para recordar que la ciencia, ya sea la política, la social o la ciencia natural, no es estática, sino que está siempre abierta a nuevos matices, a refutaciones, a nuevas vías... Ni se debe tomar a Marx y a Lenin como profetas ni, por el contrario, como demonios, tal como hacen los divulgadores de la propaganda anticomunista. Hay que juzgar una teoría, una hipótesis, un sistema, etc. mediante la razón, aceptando que la propia crítica no está tampoco libre, a su vez, de nuevas críticas. Eso es lo que hizo Reich. Cabe la posibilidad de que se equivocase en algunos de sus postulados, al igual que es posible que los propios Marx y Lenin se equivocasen, pero no porque “el comunismo sea un plan diabólico para dominar el mundo y para instaurar un estado de total esclavitud, pobreza y hambre”. Ni siquiera el capitalismo es “un plan diabólico”, sino que la pobreza, la desigualdad, el hambre, etc., que sí existen en este sistema no son más que la consecuencia de que exista el mismo y no un fin per se.
“El primer acto del programa de Lenin, el establecimiento de la «dictadura del proletariado», dio resultado”, explica Reich. En cambio, “[e]l segundo acto, el más importante: la sustitución del aparato estatal proletario por el autogobierno social, no se materializó. Hoy, en 1944, a veintisiete años del triunfo de la Revolución rusa, no hay indicios de que haya de producirse el segundo acto de la revolución, el genuinamente democrático. El pueblo ruso está regido por un sistema dictatorial de un solo partido, con un líder autoritario como autoridad suprema”. Un error que cometen una y otra vez los mencionados propagandistas defensores del capitalismo es la identificación del comunismo con el estalinismo, al que, en obras posteriores, Reich llamó “fascismo rojo”, otro hecho utilizado para falsear su figura. Aclaro al lector que si en el fragmento citado aparece la fecha de 1944, es porque la edición que estoy utilizando es la tercera, en la que incluyó nuevos capítulos. Vale la pena leer al menos el prólogo a esta tercera edición, pues es muy ilustrativo del pensamiento de Reich acerca del fascismo. Además, nos muestra que su opinión acerca del comunismo no había cambiado con respecto a sus años de activismo político. Otra prueba similar la tenemos en la edición aparecida en 1949 de La revolución sexual, otro texto fundamental, cuya primera edición es de 1936. En este libro también se explaya en el análisis de la revolución sexual en la Rusia soviética, mostrando una vez más, su acuerdo con las tesis marxistas y leninistas y explicando que la deriva totalitaria no se debió a ellas, sino al fracaso de dicha revolución sexual y el retroceso a una moral sexual represiva. Remito otra vez al lector al texto de Reich para que compruebe si lo que aquí escribo coincide con lo que afirmaba el autor. Pero copio a continuación un párrafo que no deja lugar a dudas:
“Debemos aprender de la revolución rusa que el aspecto económico de la revolución, la expropiación de los medios privados de producción y la instauración política de la democracia social (dictadura del proletariado) van acompañadas necesariamente de una revolución en las actitudes frente a la sexualidad y en las formas de relación sexual. De la misma manera en que fue claramente comprendida e impulsada hacia adelante la revolución política y económica debe hacerse con la revolución sexual”.
Si Reich se hubiese retractado de sus ideas, ¿habría publicado en los años cuarenta nuevas ediciones de obras escritas una década antes sin haber suprimido o modificado las numerosas páginas en las que era obvia su concepción positiva del comunismo? De lo que advierte, sin embargo, es de los partidos políticos, de los cuales sí acabó alejándose. En el prólogo a la cuarta edición (la de 1949) a La revolución sexual, afirma: “Debo recalcar, todavía una vez, que desde hace más de diecisiete años mi trabajo es independiente de todos los movimientos y partidos políticos. Es ahora un trabajo en pro de la vida humana —y con frecuencia, en tenaz oposición con la amenaza política a esta misma vida”. Utilizando una expresión coloquial, Wilhelm Reich salió escaldado de su activismo político y de la posterior persecución que sufrió por parte de partidos que se decían a sí mismos comunistas, además de la persecución por parte de los nazis y la posterior del gobierno estadounidense. La razón, insisto una vez más, era la estructura de carácter y lo que llamó la plaga emocional. Es cierto que en parte de su etapa en los Estados Unidos, se percibe en él una visión ingenua de la democracia norteamericana, seguramente a causa del ambiente de creciente liberación sexual (solo en apariencia, como he explicado en mi anterior reflexión en este mismo blog), pero acabaría comprobando en sus propias carnes la realidad del estado de cosas del que fue su último país de residencia.
Acerca de la confusión de términos, un tema que he tratado en varias ocasiones aquí y en otros sitios, afirma:
“De acuerdo con la sociología de los fundadores, el «socialismo» sólo era concebible a escala internacional. Un socialismo nacional o incluso nacionalista (= nacionalsocialismo = fascismo) es un disparate sociológico y, en el estricto sentido de la palabra, un engaño a las masas. Imaginémonos que un médico hubiera descubierto un medio para combatir determinada enfermedad y lo llamara «suero curativo». A continuación se presenta un hábil usurero que quiere obtener dinero de la enfermedad de los hombres, descubre un veneno que produce dicha enfermedad, que crea en los hombres anhelos de curarse, y lo llama «remedio». Sería el heredero nacionalsocialista de ese médico. Del mismo modo, Hitler, Mussolini y Stalin se han convertido en los herederos nacionalsocialistas del socialismo internacional de Karl Marx.
El usurero que quiere enriquecerse con las enfermedades podría llamar «toxina» a su veneno. Pero lo llama «suero curativo», pues sabe muy bien que no podría vender una toxina. Lo mismo sucede con las palabras «social» y «socialista».
No podemos usar arbitrariamente palabras ya acuñadas y que poseen un sentido determinado sin crear una desesperante confusión”.
Por tanto, el hecho de que un partido, organización, gobierno, etc. se llame a sí mismo comunista o socialista no significa nada. Tenemos claros ejemplos en China y en la Rusia actual, que no son en absoluto países comunistas. Sin embargo, a los gobiernos de los países occidentales les viene muy bien esta confusión de términos para que los ciudadanos de dichos países apoyen consciente o inconscientemente el sistema imperante por temor a la “amenaza global socialcomunista”. A la clase privilegiada no le interesa que el proletariado (incluyendo aquí a los desempleados, que cada vez son más numerosos, y a los indigentes) tenga una concepción positiva del socialismo, pues no quiere que se repitan los movimientos de los dos siglos pasados (la Comuna de París, la Primera Internacional, etc.). Es por eso que pone tanto empeño en controlar la cultura, como decíamos al principio de este artículo, y debido a la tecnología, lo tiene más fácil que nunca. E incluso trata de hacer pasar a defensores recalcitrantes del autoritarismo y del sistema capitalista por revolucionarios. O, al revés, como en el caso criticado aquí, hace pasar a quienes sí fueron revolucionarios y se cuestionaron el statu quo por anticomunistas. Solo les falta decir que Kropotkin, quien defendía la socialización de los medios de producción y la abolición de la propiedad privada, llegando a proponer incluso la expropiación de las segundas viviendas de los burgueses y la anulación del pago de los alquileres por parte de los inquilinos, era liberal o impulsor de ese oxímoron llamado incoherentemente anarcocapitalismo. Por cierto, habría mucho que decir sobre los constantes errores de traducción del inglés, en los que a veces aparece “liberal” cuando el original se refiere a “libertario” y viceversa. Pero ya hemos dicho bastante por hoy. Al lector le toca, si tiene interés, adentrarse directamente en la obra de Reich y llegar a sus propias conclusiones.
16/1/22
La ceniza y los enredos
10/1/22
Destrucción de la sexualidad disfrazada de liberación
Cuando hoy escuchamos hablar de la prohibición moral de masturbarse o de tener relaciones sexuales antes del matrimonio, de las dificultades para divorciarse –especialmente para las mujeres, cuando no por razones legales, de tipo económico o social-, de la monogamia de por vida y del deber conyugal, nos parece que son cosas del pasado. En nuestra época, no parece que esté mal visto, por ejemplo, que existan los encuentros esporádicos y que desde jóvenes tengamos a nuestra disposición distintos métodos anticonceptivos, siendo accesibles algunos de ellos en farmacias, supermercados y tiendas, donde incluso he llegado a ver vibradores. Ya no hay ningún tabú acerca de la masturbación y hasta se van normalizando las relaciones homosexuales, si bien estas son aún objeto de los prejuicios conservadores de parte de la población.
En este ambiente donde sería impensable contarles a los
niños el cuento de la cigüeña, creemos que somos más libres que nunca. Esta
aparente liberación sexual contrasta con la actitud de una gran mayoría en
otros asuntos. Solo tenemos que compararla con las distintas revueltas
proletarias y campesinas que han tenido lugar en los últimos siglos. Hoy,
cuando de la moral conservadora solo quedan algunos reductos, nos dejamos
explotar más que nunca por la clase privilegiada, pues además de creer que
somos sexualmente libres, también creemos que ya no es necesaria la abolición
de las clases sociales. Pagamos religiosamente nuestros recibos a Iberdrola y
al resto de empresas de suministros y, ante las constantes subidas de precios,
no hacemos nada. Nos explotan y maltratan en el trabajo, pero callamos. O, si
no nos afecta directamente a nosotros, somos testigos de la esclavitud de los
trabajadores de Glovo y empresas similares y es una minoría la que sale a la
calle a protestar. Estoy de acuerdo con que las protestas no bastan, pero ya no
queda nada de la solidaridad de las grandes luchas obreras de nuestros
antepasados. Y el colmo de la sumisión lo estamos viendo ahora mismo. La
conformidad automática que describió Fromm en El miedo a la libertad ha llegado hoy a unos límites nunca vistos:
la mayoría aplaude a sus verdugos de bata blanca (que no asesinan solo a
quienes creen en ellos, sino incluso a los disidentes y a sus familiares; hoy
entras en un hospital a operarte de un brazo roto y te intuban y sedan si das
positivo a su timotest), se siente agradecida hacia sus carceleros y obedece cada
nueva norma que se inventan las autoridades sin importar lo irracional que sea.
¿De verdad la humanidad es más libre que en épocas anteriores?
Si nos preguntamos por el origen de esta sumisión no
encontramos, como afirma la falsa disidencia prosistema, la terrible amenaza de
un supuesto proyecto socialcomunista global (el blog En defensa de la humanidad
explica con más detalle este engaño). Lo que descubrimos es que la sumisión de
los seres humanos es un resultado directo de la represión sexual. Esto nos
lleva a la duda de cuál es la manera concreta en que se manifiesta esa
represión sexual y cómo se ejerce.
Desde el año 2020, estuve analizando las técnicas de
manipulación del Poder y comprobé que el lenguaje es un instrumento esencial,
tal como he expuesto en algunos artículos (en este blog y en http://mitoslinguisticos.blogspot.com
). Uno de los recursos lingüísticos más utilizados para manipular consiste en
despojar al significante (la palabra) de su contenido real y sustituirlo por un
contenido totalmente distinto. Y eso es precisamente lo que ha sucedido con sexualidad. Pero es que esta sustitución
no se da solo a través del lenguaje, sino que se trata de un proceso biológico
descrito por Wilhelm Reich en su perseguida y calumniada obra (pues ataca los
fundamentos del Poder) y por Casilda Rodrigáñez (La sexualidad y el funcionamiento de la dominación, libro que se
puede descargar en su página web).
El hombre y la mujer del siglo XXI son tan orgásticamente
impotentes como los del siglo pasado. La impotencia orgástica no implica
necesariamente disfunción eréctil o problemas de eyaculación precoz ni
vaginismo, pero el reflejo del orgasmo es suprimido. Copio a continuación
algunas definiciones que aparecen en el glosario de La función del orgasmo:
REFLEJO
DEL ORGASMO. Contracción y expansión unitarias involuntarias en la culminación
del acto sexual. Este reflejo, por su naturaleza involuntaria y por la
angustia de placer predominante, es suprimido por la mayoría de las personas en
la actualidad.
POTENCIA
ORGÁSTICA. En esencia, la capacidad de entregarse completamente a las
contracciones involuntarias del orgasmo y la completa descarga de la
excitación sexual en la culminación del acto sexual. Siempre ausente en los
neuróticos. Presupone la presencia o el establecimiento del carácter genital, o
sea la ausencia de corazas caracterológica y muscular patológicas. Es un
concepto esencialmente des-conocido y por lo general no se lo distingue de la
potencia erectiva y la potencia eyaculativa, que no son sino requisitos previos
de la potencia orgástica.
IMPOTENCIA
ORGÁSTICA. Ausencia de potencia orgástica. Es la característica más importante
de la generalidad de las personas en la actualidad. Por contención o
estancamiento de energía biológica en el organismo, proporciona la fuente de
energía de toda clase de síntomas psíquicos y somáticos.
Aunque parezca redundante, he decidido incluir las
definiciones tanto de potencia como de impotencia orgástica para hacer hincapié
en el hecho de que esta última provoca “toda clase de síntomas psíquicos y
somáticos”, pero como en el sistema sanitario, que obviamente está al servicio
del mantenimiento del statu quo, nos
despiezan, no tratan tales síntomas teniendo en cuenta su causa, que desconocen
(o deciden desconocer para asegurarse el empleo). Hacen como quien encuentra
una fuga de agua en su casa y cierra la llave general en lugar de buscar el
origen del problema y cambiar la tubería. Y no hablemos ya del sufrimiento que
provoca esta actitud errada en los pacientes psiquiátricos.
¿Pero cómo se pierde la potencia orgástica? Aunque lo
considero equivocado en algunas premisas, el libro Ternura y agresividad de Juan José Albert nos ofrece en su segunda
parte una descripción clara y detallada de las irrupciones del libre fluir de
la energía libidinal en el niño a lo largo de las distintas fases de su
desarrollo (preoral, oral, anal, fálica y genital) y sus consecuencias.
Pensamos que ya no reprimimos sexualmente a nuestros hijos porque tratamos la
masturbación infantil con normalidad y de adolescentes incluso les compramos
preservativos, además de informarles sobre las enfermedades de transmisión
sexual y otras cuestiones que necesitan conocer. Se llega a decir incluso que
los niños de ahora están más espabilados
que nosotros porque tienen acceso a Internet y pueden ver de todo. Parece que cualquier crítica a la pornografía o a la
prostitución es propia de carcas y
que estas también se deben a una sexualidad libre. Pero resulta contradictoria
la facilidad que tienen hoy en día nuestros adolescentes para masturbarse
viendo vídeos porno en relación con la dificultad para acostarse con personas
de su edad, pues seguimos prohibiendo que puedan dormir juntos en nuestra casa
y, como denunció Reich en La revolución
sexual, tienen que encontrarse en lugares insalubres, como portales, baños
de discoteca, descampados, etc.
“Prefieren, sin duda, recordar a los jóvenes sus «responsabilidades»
predicándoles tanto la importancia de las obligaciones que no se sentirán responsables
de que los adolescentes, con el debido «sentido de responsabilidad», se
entreguen a las prácticas sexuales en portales, rincones, granjas, detrás de los
vallados, siempre con el miedo de que les sorprendan”.
La idea de la liberación sexual contrasta, asimismo, con los
incesantes casos de violaciones y todo tipo de abusos sexuales, incluyendo la
terrible lacra de la pederastia. Si ya hemos superado la moral represiva del
catolicismo, ¿por qué continúa? Reich nos da la respuesta: “Desde entonces, el
periodo del patriarcado autoritario de los cuatro a seis mil años últimos, ha
creado, con la energía de la sexualidad natural suprimida, la sexualidad
secundaria, perversa, del hombre de hoy”. No se puede ser más explícito: lo que
hoy entendemos por sexualidad no es más que una perversión de la sexualidad
natural. Con estas palabras, no me estoy refiriendo a ideas morales, sino a
hechos biológicos probados. Los impulsos primarios son reprimidos, los niños
son acorazados y, al chocar estos impulsos con la coraza cuando intentan
atravesarla, se transforman en impulsos secundarios, con su componente sádico.
En la mayoría de individuos, estos impulsos sádicos son también reprimidos. Por
eso, al tratar con los demás, tenemos siempre esa sensación de que no son
totalmente sinceros, de que llevan una máscara, de que sus muestras de
amabilidad son impostadas. Y así es, solo que esto no ocurre normalmente de
manera consciente.
En la obra de Reich veremos frecuentes críticas a la
pornografía, que pone al mismo nivel, en cuanto a sus efectos negativos sobre
la infancia y la adolescencia, de la moral represiva (prohibición de
masturbarse, de tener relaciones antes del matrimonio, imposición de la
monogamia de por vida, etc.). Y es que uno de los elementos de la “sexualidad
secundaria” es la escisión entre genitalidad e impulsos tiernos. En el impulso
primario, el deseo de placer genital y la ternura están unidos y la separación
entre ambos es artificial. En las relaciones sexuales del carácter genital (es
decir, del individuo que vive la sexualidad natural), está implícita la
ternura, independientemente de su grado (o ausencia) de compromiso con su
compañer@ sexual. Por el contrario, en la sexualidad pervertida de hoy, solo se
contempla lo que llamamos sexo con amor
en la institución del matrimonio o en el sustituto de este, la pareja (son
interesantes los planteamientos tanto de Casilda Rodrigáñez como de Agustín
García Calvo acerca de esta institución). Pero es que el amor de este sexo con amor
tampoco es tal, sino que se trata de la instrumentalización, de una impostura
que se desarrolla en la capa superficial del carácter y que sirve para ocultar
los impulsos sádicos.
“En el afán de asegurar nuestra mutua posesión (...) nos
hemos hecho tú y yo dinero. (...) Todo pues en el amor se ha hecho dinero (...)
no hay nada bueno que pueda ser compatible ni convivir con el Dinero”
Contra la pareja, Agustín García Calvo
A nuestros adolescentes y jóvenes solo se les ofrecen dos
alternativas: o el sexo carente de afecto, en el que ellos las tratan a ellas
como a juguetes, como a muñecas sin vida, o la relación seria, cargada de imposiciones morales que un adolescente
no puede asumir. Ambas opciones conllevan la instrumentalización del otro: o
bien genital (uso al otro como uso un juguete para masturbarme, pero no hay
entrega ni deseo) o bien afectiva (uso al otro para que llene mi vacío y
después le reprocho que no me satisfaga, aunque la causa real es la impotencia
orgástica), pues en esta sociedad quienes interactúan son las máscaras, los
egos, al haber sido despiezados e impedidos de actuar desde el núcleo
biológico. La pornografía, entre otras cosas, sirve para moldear los gustos y
expectativas de los jóvenes varones y así, a partir de la pubertad vemos cómo
cambia la manera en que ven a las chicas de su edad, como expone Ana de Miguel
en Neoliberalismo sexual. El impulso
sexual primario, por tanto, ha sido reprimido y solo existen los impulsos
secundarios, con el ya mencionado componente sádico que busca (de forma
explícita o no) subyugar a la mujer. Las bromas de carácter sexual o la típica
actitud de presumir de haberse tirado a x
tías son una clara muestra, explica Reich, de impotencia orgástica. Y es
que el orgasmo apenas existe en nuestra sociedad liberada. Hay un amplio mercado de recetas para solucionar esta impotencia orgástica
(eufemísticamente, mejorar las relaciones sexuales): viagra, lubricantes vaginales
y todo tipo de artilugios. Casilda Rodrigáñez, citando a Merelo-Barberá, habla
de “tecnosexología”, que incluye también chupetes, biberones, etc. ¿Qué tienen
que ver los chupetes? Hemos dicho que el origen de la represión sexual se da en
la infancia. Pues bien, en la fase oral, por ejemplo, la zona erógena del bebé
es la boca y necesita el pezón de la madre, aparte de sentir su piel, su calor,
etc. Se trata de una necesidad que trae consecuencias si no se ve satisfecha.
En esta época de la liberación sexual, privamos al bebé del placer que siente
al succionar el pecho materno y, en general, al fundirse en la diada, y
sustituimos ese placer natural por el chupete, generando así ansiedad en el
niño. Luego nos extrañamos de que tengan necesidad de fumar cuando llegan a
cierta edad, porque además parece que está mejor visto fumar que amamantar,
sobre todo si no es exclusivamente para alimentar al bebé, sino para satisfacer
su deseo libidinal. Esta sustitución del pezón y del regazo de la madre por el
chupete es solo un ejemplo de todas las formas en que se ejerce la represión
sexual.
No nos beneficia para nada conformarnos con una respuesta
rápida y simple que culpe a las madres de la represión de las criaturas, pues
así negamos la violencia ejercida contra aquellas (violencia que cambia sus
formas y se va modernizando) e invisibilizamos la causa de la represión: el
sistema patriarcal que acoraza los cuerpos y nos impone el dogma del dolor de
la regla y del parto como algo natural, cuando es una muestra de rigidez del
útero, el cual en su estado natural es el centro de placer del cuerpo femenino
(los partos orgásmicos no son un mito), más aún que la vagina y el clítoris.
Tampoco caeremos en las afirmaciones simplistas del falso feminismo que culpa
en cambio al varón por el hecho de serlo y demoniza algo tan necesario e
importante como la testosterona. Responsabilizar a una hormona de la violencia
y la represión de nuestra sociedad también sirve para invisibilizar la
naturaleza real del patriarcado y sus efectos sobre los seres humanos.
Por otro lado, aunque los adultos finjamos que nuestra
actitud ante el sexo es liberal (no confundamos este sentido de “liberal” con
el significado político), lo cierto es que continuamos llenos de prejuicios. A
las jóvenes se las sigue presionando con la idea de la dignidad diciéndoles que
tienen que hacerse respetar, es decir, aguantarse las ganas de tener relaciones
sexuales, o sea, la excitación. ¿No es esto represión? ¿Acaso no merece respeto
una chica que vive su sexualidad con naturalidad? ¿Solo podemos respetarla si
la vive dentro de la institución de la pareja, pero no si en determinada etapa
de su vida (o en todas si le viene en gana) quiere tener relaciones de corta
duración (una noche, unos días...)? ¿Es una chica fácil (eufemismo de guarra o puta, que son los calificativos que se suelen utilizar) por ello? ¿Es
que no somos capaces de concebir el afecto en las relaciones sexuales
independientemente del tiempo que duren? Si lo que nos preocupa son los
embarazos adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, es tan
sencillo como poner a disposición de manera gratuita anticonceptivos. Pero,
claro, eso también es un negocio. Y, como ya dije antes, tampoco proporcionamos
a los jóvenes espacios donde puedan intimar, sino que tienen que hacerlo en
cualquier sitio, sin importar las condiciones higiénicas. No deja de
sorprenderme el hecho de que normalicemos el consumo de alcohol y de tabaco,
que suele empezar incluso ya a los doce años y que perjudica su salud, y
sigamos llenos de prejuicios sobre la sexualidad de los adolescentes, algo que,
al contrario que el tabaco y el alcohol, es necesario para el buen
funcionamiento del organismo. Muchas familias dan a probar a sus hijos y
sobrinos su primera cerveza en celebraciones como comuniones o bodas, pero en
cambio, evitan que estén a solas en su habitación con otro chico o chica de su
edad. ¿Preferimos que estén de botellón y que luego tengan relaciones en un
descampado o que las tengan cómodos en su habitación? Probablemente, el
adolescente no acorazado que vive libremente su sexualidad no necesita
hincharse a beber. Acerca de los espacios de intimidad para jóvenes, Reich pone
el ejemplo de los trobriandeses, que tenían unas cabañas para uso exclusivo de
los adolescentes en las que los adultos no interferían para nada.
Tampoco favorecen la libertad sexual las condiciones
económicas de la juventud en el sistema capitalista, pues pensar en
independizarse antes de los veinte años es casi una utopía, por no hablar de lo
destructivo y antiplacentero que es el fenómeno de los trabajos de mierda (v. David Graeber) en oposición al trabajo
productivo en una sociedad en la que los medios de producción son colectivos.
Para soportar estas condiciones (hacinamiento en ciudades, trabajos de mierda, problemas de vivienda...), se necesita haber
sometido antes a la juventud a una fuerte represión, y eso es lo que ocurre
tanto en el ambiente familiar (salvo excepciones) como a través del sistema
educativo, que no solo destruye la creatividad y anula la curiosidad, sino que,
especialmente a partir de la pubertad hasta los 16-18 años, que es la época de
mayor vitalidad, esta es inhibida, haciendo que los chicos y chicas tengan que
permanecer encerrados en esas cárceles llamadas institutos seis horas al día y
pasar las tardes memorizando conocimientos que no integran, que han sido
despojados de toda emoción, que no les llevan a una mejor comprensión del mundo
que les rodea, ya que si así fuera, pondrían en peligro el orden establecido.
Los propios profesores y políticos, tanto conservadores como progresistas, ven
la educación como un ascensor social (lo he escuchado así, literal). La
diferencia está en que unos prefieren la educación privada y religiosa y otros
la pública y laica, pero todos ellos son defensores acérrimos del sistema
represivo en el que vivimos. Ninguno propone una sociedad desescolarizada o al
menos empoderar a los jóvenes para que luchen contra el sistema.
Para concluir, vuelvo a afirmar que seguimos viviendo la
represión de la sexualidad, solo que esta represión ha cambiado sus formas y,
sobre todo, ha cambiado el discurso. Y la trampa está en que el joven de
principios del siglo XX, o de la época franquista aquí, era consciente de que
su sexualidad era reprimida porque le hablaban de ella como algo pecaminoso o
recibía un castigo explícito. En cambio, hoy nos creemos liberados. Para llevar
a cabo el engaño, ha sido necesario cambiar el significado de sexualidad y llamar así a lo que Reich
llamaba sexualidad secundaria, en la que los impulsos primarios son reprimidos
y, al intentar atravesar la coraza, transformados en impulsos sádicos,
separando artificialmente la genitalidad de la ternura. La libertad sexual en
la mujer se sigue viendo como una falta de dignidad, pues debe hacerse respetar y, por lo tanto,
reprimir su deseo. Socialmente, entonces, se premia la represión del deseo y se
castiga su libre expresión.
Ahora tenemos acceso a una enorme cantidad de material pornográfico, que ya impregna toda la cultura (cine, música...); podemos comprar todo tipo de artículos en el sex shop; existen numerosas webs de citas, incluso para personas casadas; pero no tratamos al compañero o compañera sexual, sea una relación temporal (una noche, días...) o duradera, con respeto y afecto y tenemos totalmente suprimido el reflejo del orgasmo. No somos felices, nuestros cuerpos están enfermos, desvitalizados. Aunque parezca lo contrario, vivimos tanta represión sexual como en cualquier otra época de la civilización.