20/4/16

Hª del caos inefable

Tu odio convertido en cenizas fue besado por el viento y con efecto retardado lo aspiró sin querer mi pecho. Resonancia del caos inefable, ya desaparecido, tan anhelado.

Caos inefable que busqué al principio en desiertos de revista, en soles de cartón. Caricias amoratadas. Gritos de sal en el corazón. Vacío de mí.

Reconocimiento.

Aparece el caos inefable en el trigo suave que pretendía volar a paisajes de los sueños. Pares de ojos del oro de la tierra, del calor del mar. Quizás fue demasiado para mí. El fango de mis cicatrices siempre me arrastra lejos de Arcadia.

Búsqueda, superación.

Un edén adaptado a mí, con espacio para los agujeros del alma. Fuego, noche, azul del cielo, sendero de mago. Aprendiendo a traspasar las barreras que me separaban de la inmensidad total del caos inefable. Aprendiendo a amar. Lo logré en el último momento.

Siempre el fango.

Me arrastró con todas sus fuerzas. Lo creí más pequeño. El monstruo había esperado invisible a que rozara la plenitud. Bestias devorando mi llama. Bestias no creadas por mí.


Grieta en el alma.


Esperar...


esperar.


Esperando. Aprendiendo sin amor.



30/3/16

Esperanza

El azabache logró emerger, empujando con fieros besos las plomizas nubes de rencor. Pero, una vez en la superficie, se volvió suave y permaneció apenas tintineando. Después comenzó a cristalizar hasta convertirse en perla que una lluvia azul de notas hacía crecer.

Danzaba mi pecho, sonreía mi antes gris alma. Pero algo estaba cambiando. Los duendes y demás criaturas, que tanto amaban el azabache, se habían esfumado. La perla seguía enorme y brillante, pero ya no era contemplada por un jardín de seres risueños.

Intenté encontrar su rastro, pero solo hallé, en el suelo, rasgadas, pequeñas sombras. De repente, al alzar los ojos, comprobé que, en lugar de la perla, había una grieta. Al asomarme, no vi el inmenso y bello vacío de antaño, sino una inmisericorde nada que me atravesaba con su mirada diabólica.

Y cuanto más grande era mi anhelo por volver a soñar, más lo era también el terror. Hoy no sé quién triunfará con su presencia. Pero mientras haya luz en mis ojos para contemplar la grieta, tendré esperanza.

6/3/16

El silencio de la lluvia

Me senté en las escaleras, ahora tan distintas, pegadas a la pared que hace tiempo comenzó a amarillear. Su color me recordó ese sol que no consigue traspasar la piel. Son unas escaleras largas, tanto que parecen no tener fin. Hace años olían muy bien y la luz se reflejaba en ellas. Ahora sirven de refugio al polvo.

Pienso que tal vez no debería haber abierto esa puerta. En realidad, si hubiese dependido de mí, no lo habría hecho. Es el pequeño duende que siempre me acompaña, que me obliga a caminar y, a veces, a reír, algo no muy propio de mí.

Fue como entrar en una realidad paralela, donde se distorsionaban el tiempo y el espacio. Y, efectivamente, el número de metros cuadrados era el mismo, pero el aire parecía ondularse y retorcía infame algo dentro de mí. Tan grande debía de ser su influencia que de los ojos del duende salió una lágrima. Su viaje pareció durar horas. Mientras descendía vi la imagen, ya casi sin color, de distintas sonrisas. Cuando la lágrima tocó el suelo, se partió en mil pedazos que no desaparecieron.

Entonces, la tristeza que había conseguido atrapar al duende, me abrazó, me besó y me envolvió en su aliento helado. Incluso a mí, que estoy acostumbrada desde siempre a sentimientos grises, me abrumó. Y, sin embargo, no hubo llanto. Solo podía mirar la escalera.

Cuando el viento volvió a silbar, nos levantamos y nos fuimos de allí. Al cerrar la puerta, vi los pedazos de lágrima que, incluso sin moverse, mordían mi pecho.


Ahora estamos lejos, pero el beso no quiere abandonar mi sangre y aquí sigue sin llover.

11/2/16

Un día fuimos libres

Ya nadie recita versos de memoria; nadie saluda ni sonríe por la calle; la amabilidad fue sustituida por cosméticos gestos, a veces también plastificados. Los niños tienen prohibido jugar y encuentran cerrada la puerta del vecino. Ya no se aman tierras, sino ideologías; ideologías universales donde no cabe la variación ni la duda. Ya no se piensa, ahora se procesa.

¿Cuándo se automatizó la vida? ¿Cuándo se desacralizó el amor? Las manos ya no tienen grietas, pero no tocan. Las bocas están perfectas, sometidas a correcciones desde la infancia, pero ¿quién besa de verdad?

Se sustituyó también la amistad por la desconfianza; en lugar del hoy por ti, mañana por mí, ahora el mí se ha convertido en vanidoso ayudador y al ti se le acusa de miserable aprovechado. Hoy está mal visto tener problemas, aunque abundan más que nunca. Ayer te prestaba un poco de leche tu vecino; hoy se lo pides al Estado, burocracia de por medio, todo bien etiquetado, que se note que eres pobre.

Explosión de grisú, Simonin, 1869

¿Y qué me dices de hombres y mujeres? Tanto monta, monta tanto la “democracia” como Franco. Un siglo de guerra de sexos, uña y carne que anteayer trabajaban juntos por sacar su hogar adelante. Hoy se nos obliga a nosotras a presumir, amparadas por el omnipresente Estado, y a ellos a ser esclavos, a sentirse culpables, a olvidar todas las muertes en la batalla, regresos mutilados, separados del calor durante tantos años; los trabajos ¿no forzados? para llevar un mendrugo de pan a sus hijos. ¿Privilegiados?

¿Que ha habido represión hacia todo lo que se salía de lo convencional? ¿Quién lo niega? La pregunta no es esa, sino, ¿quién ha ejercido la represión? ¿De verdad que ha sido una ideología? Pero hemos confiado nuestra liberación a los gobernantes, y pensamos que porque llamen casta a los otros gobernantes y los desbanquen, van a solucionar los problemas del pueblo. La tierra, el agua... todo se envasa, todo tiene precio, y si te apropias de ello, te conviertes en criminal, tanto para unos gobernantes como para otros. Aunque unos digan proteger a las familias y los otros a los pobres. Ellos solo protegen las instituciones, el sistema de vida que conocemos.

No hay vuelta atrás, el pasado fue vendido y cada vez más olvidado, porque también está mal visto. ¿Hay alguna esperanza para la libertad?

1/2/16

El triunfo de la hiel

Solo estás para apropiarte de los logros ajenos y para deshacerte de tus culpas. Tan dulce de puertas para afuera, pero el ambiente aquí es irrespirable. Consigues miles de alabanzas por lo único que haces, esa actividad que te libra de todas las que no haces. Pero ya ha pasado demasiado tiempo y no pienso exigir cuentas pendientes.

Mi deseo es solo uno: librarme para siempre de tu hiel, esa con la que me amamantaste, esa con la que me regaste durante tantas estaciones y que ahora tratas de hacerle beber también a mi vástago.

Veneno que fue absorbiendo mi alegría, que deformó la realidad para que huyera de ella. Líquido infernal que nunca sacia. Látigo que devasta mi pecho. Niebla que me aísla.

¿Podría acabar estas palabras con una esperanza? Ya no. Vuelan los veranos ante mis ojos, mezclados con los inviernos que ya no fecundan. Se ha trastocado el orden, se han secado los ríos de mi cuerpo.
Esa canción que nunca llegó a su destino, esas palabras que dije demasiado rápido. Todo se lo tragó el monstruo que fabricaste. ¿Qué puedo hacer para desterrarte, junto con él? Mientras mi ser muere sin remedio, el mundo pide que te alabe, te agradezca, te honre, que te siga entregando mi alma, para que continúes vaciando en ella tus excrementos.


¿Qué me pides, cruel, ignorante mundo? ¿Qué mentirosa sonrisa eclipsó la verdad? ¿Quién la dirá? ¿Quién la verá y la defenderá? Mis brazos se van oxidando y yo ya no tengo fuerzas. Mis sueños duermen y mis ojos se apagan. Ya no hay esperanza.

Winterlandschaft mit Kirchenruine, Caspar David Friedrich