10/3/21

Otro intento absurdo

Echo a correr cuando escucho los pasos de las metáforas bobaliconas que construyo desde este estado de letargo. No puedo evitar que mi único interés sea decir, pero he sacado tantos monstruos de mis entrañas que el norte se ha escapado, dejándome sola en este reino de la incoherencia que ensucia con desidia la pantalla.

Quiero decir, y para decir solo hay un plato usado, una cama deshecha, una desnudez sin primavera. 

Sé que huyo por miedo y porque este Atlas de Aliexpress no soporta más torrentes. Esconde las cajas de juguetes y se llena de nada para no sentir el vacío del nido.

Con el transcurrir de estos miserables surcos, se van empañando los cristales. Por eso, digo, huyo del papel y el teclado lo reservo para luces de postín.

No entiendo al destino. Un entretenimiento absurdo de dioses de cartón que creó algún Baco aburrido.

Me ha sido negada la viña que le dio a luz, las flores del cerezo que busca bajo las faldas que acosa despiadado.

Menudo rompecabezas de especificativas. Menudo entretenimiento el mío que no sabe a jugo de antro, sino a olas calladas sometidas por la roca.

26/2/21

"Rick y Morty": un ejemplo de personajes complejos [NO CONTIENE SPOILERS]


La construcción de los personajes es solo un factor más de todos los que determinan la calidad de una obra narrativa. A este respecto, os comentaba recientemente que existen grandes obras cuyos personajes representan estereotipos y no evolucionan en el desarrollo de la trama. Esto sucede sobre todo en la narrativa breve y, especialmente, en los cuentos.

Ahora bien, es evidente que la aparición de personajes con un complejo mundo interior enriquece un relato, una novela, una película o, en el caso del que quiero hablar, una serie.

A Rick y Morty podríamos dedicarle páginas y páginas, y no solo por las numerosas referencias al género de la ciencia ficción, ya sean como homenaje, como crítica o como reinvención del mismo, que se hacen en la serie. Pero hoy nos vamos a centrar en el tratamiento de los personajes.

El carácter de los protagonistas que dan nombre a la serie se ve bien definido desde el primer capítulo, en el cual se hace hincapié precisamente en los rasgos particulares del adolescente Morty y su singular abuelo Rick Sánchez. No es necesario aclarar la intención paródica que hay en la elección de tales nombres.

Importantes obras de la literatura universal tienen como protagonista a una pareja de personajes que se complementan: las formadas por Don Quijote y Sancho Panza o por Sherlock Holmes y el Doctor Watson son los ejemplos más conocidos. Tal cualidad la vemos también en el científico y su nieto. De hecho, en uno de los episodios se menciona precisamente la simbiosis que existe entre ambos, de la cual, como es de esperar, solo es consciente Rick. Esto tiene una explicación científica, pues, según nos cuenta el intrépido anciano, las ondas cerebrales de Morty neutralizan las de Rick y así evita que le detecten. De esta manera, la propia naturaleza neurológica de ambos cumple un cometido dentro de la trama.

Rick se nos presenta como un hombre muy seguro de sí mismo. El hecho de controlar el Universo, las distintas dimensiones y ser capaz de construir los artefactos que necesita en segundos, así como salir airoso de las aventuras en las que se ve metido o que él mismo busca no es baladí. Podríamos decir que Rick es quien parte la pana en el Universo, a causa de su inteligencia colosal. Sin embargo, vemos a lo largo de los distintos capítulos cómo le invaden las dudas. El carácter cómico y transgresor de la serie no eclipsa la tragedia humana: los personajes de la serie son como nosotros y se ven afectados por los mismos temores, incertidumbres y contradicciones internas que siente cualquier persona. A pesar del escenario de ciencia ficción, Justin Roiland y Dan Harmon tienen la clara intención de plasmar esa cualidad universal, lo cual me lleva a recordar el libro que reseñé hace un tiempo, en el que su autor, Yuri Herrera, hace un viaje por distintos planetas en busca de lo que cualquier criatura, sea terrestre o no, comparte.

Pero los creadores de la serie han destacado especialmente la lucha que todos vivimos entre el ego y nuestros sentimientos más puros. No obstante, en ningún momento -al menos de los capítulos que yo he visto- nos dan lecciones de moralidad; ni tampoco hacen una defensa de lo que en nuestra cultura se considera inmoral, aunque parezca lo contrario a causa del constante humor negro. Sencillamente, los personajes se expresan tal como son dentro de un mundo multidimensional, poblado por numerosas formas de existencia, de pensamiento, de comprensión de la realidad.

Hay dos personajes que comparten algunos rasgos con ciertos estereotipos: el de Morty, que parece ser el típico adolescente ninguneado por todos, temeroso, inseguro; y Jerry, el padre, que nos trae a la memoria alprotagonista de American Beauty, es decir, al hombre casado de clase media que tiene un trabajo aburrido y un carácter bastante sumiso, el cual intenta ocultar tras el ansia de dominación de su familia. Jerry vivía en la ilusión de que todo estaba en orden en su hogar hasta que Rick se va a vivir con ellos, poniendo toda su vida patas arriba o, mejor dicho, sacando a la luz los conflictos que ya existían. La oposición entre ambos hombres, que intentan quedarse con el papel de patriarca de la familia, va a modular parte de la trama.

Sin embargo, aunque Morty y Jerry tengan esos rasgos estereotipados, comprobaremos que no poseen en absoluto una personalidad lineal, sino que, al igual que los demás, sufren contradicciones y no siempre reaccionan de la misma manera ante las distintas situaciones. Y no solo eso, sino que, además, tales experiencias van dejando una huella en todos los personajes y veremos cómo su carácter cambia en cierta medida.

Beth, al contrario que su marido Jerry, rompe estereotipos, algo que resulta liberador, ya que tradicionalmente la maternidad se presenta en la cultura (cine, series, novelas...) de una manera muy definida [i]. Quizás solo sea una sensación mía, pero parece que los creadores de la serie buscaban deliberadamente la comprensión por parte del telespectador de Beth y de todas aquellas mujeres a las que representa. Quizás el culmen de la historia de esta madre tan real está en el final de la cuarta temporada[ii]. Pero Beth no es solo madre. Es más, uno de los núcleos del argumento es precisamente la relación de Rick Sánchez con su hija.

Que estemos dejando a Summer para el final no significa que no tenga relevancia, aunque así parezca en los primeros episodios. Summer no es solo la hermana de Morty y la nieta de Rick; no es un personaje de relleno. Su personalidad nos sorprende a lo largo de la serie. Es valiente, ha heredado la inteligencia de su abuelo y su madre y, aunque se ve afectada por los mismos avatares que cualquier adolescente, tiene un carácter único.

Pero ¿por qué no la vemos participar en las aventuras espaciales tanto como a su hermano? Pienso que se debe a lo que tratan de mostrarnos Justin Roiland y Dan Harmon: la sociedad en la que vive la familia es patriarcal. Los creadores de la serie, como he dicho, no se posicionan, sino que se limitan a mostrarnos una realidad, en la que, aun con obstáculos, Beth y Summer lograrán enseñarnos todas sus habilidades sin renunciar a su forma de ser.

Desde luego, en Rick y Morty veremos otros personajes peculiares, pero los principales nos sirven para explicar cómo, efectivamente, la complejidad de los mismos puede enriquecer una obra narrativa, sin ser este el único factor determinante.

 


[i] A este respecto, se pueden consultar los libros de Casilda Rodrigáñez y los artículos de Laura Perales Bermejo (https://www.crianzaautorregulada.com/articulos/)

[ii] Recomiendo ver la serie en orden para conocer la evolución de los distintos personajes. Además, la historia de Beth no se puede comprender enteramente viendo solo la cuarta temporada.

16/2/21

Ramón, el cotilla malhumorado

 


Un salón cualquiera de un hogar español cualquiera, en una tarde cualquiera después de la jornada laboral.

RAMÓN. Estoy cansado de ese estúpido que vive en frente. Se pasea por ahí pasando de todo, como si la cosa no fuera con él. Y lo peor es que va de educado. Que si hola, que si buenas tardes... Pero luego, cuando me ve a mí, se hace el sueco. El otro día le hice un gesto para decirle oye, que hay que cumplir las normas, pero el tío ni cuenta se dio, es que ni me miró. Siguió su camino tan ancho. ¿A ti te parece normal? Es que no hay manera con él.

SILVIA. Siempre estás con lo mismo, Ramón. A lo mejor está exento. ¿No sabes que las normas tienen sus matices? No creo que sea para tanto.

RAMÓN. ¿Te estás poniendo de su parte? Esto no me lo esperaba de ti. ¿No te das cuenta de que las normas las tenemos que cumplir todos? ¿Para qué están entonces? ¿Para que cualquier paleto se las salte?

SILVIA. Ramón, las normas son orientativas. Lo que cuenta es el sentido común y qué quieres que te diga, ese chaval siempre ha dado muestras de tenerlo. Lleva viviendo aquí doce años y, en ese tiempo, nunca ha tenido problemas con nadie.

RAMÓN. ¡¿Que no?! Una vez la señora Remedios le tuvo que pedir que bajara la música.

SILVIA. Sí, hijo mío, y si hablaras directamente con la gente en vez de enterarte de los cotilleos en el bar, sabrías que el muchacho bajó la música enseguida ¡y se disculpó! Lo sé por la propia Remedios. Mira, lo que yo creo es que deberías dejar de darle tanta importancia al asunto. Porque ¿a ti qué más te da lo que haga la gente?

RAMÓN. Mira, Silvia, me parece que le estás hablando de una manera poco adecuada a tu marido.

SILVIA. ¿Yo? ¿Y por qué te estoy hablando yo mal? ¡Será posible! ¿Sabes lo que te digo? Que hoy soy yo la que se va al bar, y que si quieres la cena, te la haces tú solito.

Se oye un portazo y, después, el silencio más absoluto.

RAMÓN. (Con cara de tonto) Qué carácter tiene esta mujer.