8/12/13

Negra luz. A solas con la sombra de mi daimon.

Por fin. Por fin encuentro un rato libre para hablaros de mi daimon. Necesitaba tanto nadar en su fragancia. Y no imagináis lo que me ha sucedido estos días, y es que en medio de mis tareas era su propia oscuridad la que venía a mí y me envolvía. La recibí con una sonrisa tras mi gesto extrañado. Misterio. 
Todo él es un misterio. Hay mujeres que suspiran por hombres musculosos, actores, futbolistas, modelos. Esas mujeres no conocen el verdadero erotismo. Mi daimon pasaría a su lado y ellas serían incapaces de respirar su perfume extático. ¿Ya os he hablado de sus ojos? Esas ventanas azabache tienen dos funciones: puedes mirar a través de ellas o recibir lo que hay en su interior. Y es que la negra luz de su mirada está cargada del más sublime erotismo, y lo más desconcertante es que esa luz tiene la cualidad de extenderse por todo su alrededor. Los expertos en sustancias que alteran la percepción saben que no existe ninguna que provoque este efecto. Es un ser esquivo, pero cuando decide proyectar en ti su esencia, llega un momento en que te fundes con ella, y entonces olvidas por completo todas las ideas que tenías sobre ti misma y su luz negra forma un camino que te lleva a descubrir tu única verdad. Te sientes como una estrella que pasó su vida inmersa en una blanca neblina y de repente se ve cubierta por la oscuridad del vacío.
Lo que encuentras al mirar en el interior de sus ojos, tal vez otro día te lo cuente. 

2/12/13

Una naturaleza y una artifialeza



Así nací, programada para no dejar salir mi alma, como mis antepasados recientes. ¿Cómo serían los lejanos? ¿Qué aventuras vivieron? Tuvo que haber alguno al menos que tuviera una vida plena.

Mi destino no era ni siquiera este. Yo no debería estar escuchando mi voz interior, sino repetir sus vidas sufridoras, callando y lamentando, pagando con las personas más cercanas mis frustraciones. Bueno, aún a veces lo hago. Mi alma encerrada rompe a llorar en los momentos más inoportunos, pero tengo a mi voz interior, mi esperanza, mi voluntad. A esas ya no se las puede quebrar.

Sí, estoy con un pie en mi programa y otro en la verdad de mi alma. No es fácil vivir a medias. No vivir es fácil, sólo tienes que actuar bajo tus patrones automáticos, pero las consecuencias, en serio, son horripilantes. Entonces, en medio de tus explosiones de ira y llanto, dices: si mi vida fuera así y así... Pero yo tengo a mi voz interior, que me serena y me muestra el modo de alcanzar esa vida. Ya he dicho que tengo un pie en ella.

Y en medio de este salto me encuentro. ¿Creíste que es algo basado sólo en la voluntad? El botón de la voluntad tiene que estar encendido, pero encender un interruptor es una pequeña, aunque imprescindible, parte del complejo proceso de llegar a tener luz en la habitación. Necesitas más cosas. Yo ni siquiera he entendido aún cómo demonios funciona un circuito eléctrico, de verdad, no entiendo cómo llegué a la universidad (para luego dejar los estudios ¡que me fascinaban! a medias... el programa, el maldito programa y las malditas idiotas decisiones). Sí, yo era de letras, pero es que eso lo enseñan en el colegio. ¿Cómo demonios aprobé? Me tendrías que escuchar traduciendo textos en inglés con 16 años y ahora. He ido para atrás como los cangrejos. Me he perdido a mí misma, ahí es adonde quería llegar.

Nací tan vacía y tan cansada. Y por otro lado con un potencial inmenso, una gran imaginación y capacidad de comprensión, pero siempre he necesitado estímulos. Tranquilos, no me refiero a las drogas; tengo tendencia a la autodestrucción pero nunca las he probado (y eso que me pega bastante...). Algunos de mis maestros han sido mis mayores estímulos, también los horarios de las clases, el orden en las aulas, lo limpio del pupitre, la calma al otro lado de las ventanas. No sé por qué se me han quedado tanto esos detalles.

Son dos naturalezas (¿naturalezas?) dentro de un ser. No, una naturaleza y una artifialeza. Un pie aquí y otro allá. Pero tengo armas también: una fuerte voluntad, gran capacidad de comprensión, como he dicho, de ver el funcionamiento interno de las cosas y de vez en cuando también me asiste el sentido común, justo cuando más lo necesito, como en el episodio derriba-muros de ayer. Casi me atrapó... casi.

No hay ayuda externa que pueda ayudarme en mi cometido, pero sé que llegaré a llenarme de mí misma, y tanto tanto llenaré, que se me saldrá todo mi ser y os inundaré a todos. Es lo que hay. Id comprando unos resistentes paraguas.

30/11/13

La noche perdida

Poco me visita la noche. Despierto en medio de la misma blanca neblina en la que me dormí, con el mismo plomo en mis párpados, moviéndome como un autómata.

¿Cuántas horas tardo en reconectarme con mi ser? Algunas veces paso días enteros sin estar conmigo.

Desde que perdí mi noche.

Desde que perdí mi noche, hay en mi pecho un trozo de roca lunar llena de cables para emular mis latidos.

Ojalá supiera dónde suenan...

Aquí ya no hay silencio, melodía, ni siquiera ruido. La blanca neblina se ha instalado también en mis oídos.

Vivo (¿vivo?) envuelta en un halo artificial que me aísla incluso de estas palabras, que se van perdiendo, que se van...

No




me




rindo.

Me han robado mi espada, como a Richard, e incluso me separaron de mi don. El enemigo, el imperio del anti-silencio, ya se ve a sí mismo como vencedor. Sólo le falta quebrar la poca fuerza que recorre mi cuerpo y que más parece agua estancada. No puedo malgastarla. He hallado la raíz, la solución definitiva. Si resulta, todo acabará para ellos. Desterraré la blanca neblina.

¿Cómo será la nueva noche, el paisaje en el que brille otra vez mi luz? Ni siquiera sé si encontraré mi corazón. Vivir con un trozo de roca en mi pecho es peor que la muerte. A veces sólo quiero descansar, allá donde esté mi sangre, en el lugar en que suene mi voz.

La victoria de esta batalla, si la hay, no será para mí. Será para la esperanza, será para lo nuevo. Este no es mi sitio. Sólo estoy de paso.


Y mi noche...



...¿también estaba de paso?



Siento que jamás volverá.

29/11/13

Encontré dónde está la avería

El papel delante de mí. Ya he escrito acerca del muro que me limita a la hora de solidificar la danza de letras que baila en mi mente y desciende hasta mi mano, pero ahí se queda.
Sé que sólo la fuerza de voluntad y el derribar el muro desde su raíz pueden dejar libre la magnificencia de mi alma para inundar mi asfáltica vida material.

Busco un tema. Cuando voy por la calle mi cabeza está llena de poesía, de historias de maravilla, pero a la hora de llevarlo al papel, ya se ha esfumado; tal vez me lo he fumado.

Últimamente, entre las hadas que bailan en mi mente al pasear, está su noche. Me he dicho: "no voy a escribir sobre él". Pero nadie sabe quién es y él no lo va a leer. Las personas que pueden saberlo, no comprenden el misterio encerrado en este mandala literario, así que puedo hablar con libertad.
Sí, la noche de sus ojos es un buen tema. Más parecía un ser de fantasía, mitad ent, con olor a bosque y a sangre, al que le cedí mi despiadado ego para que lo pastoreara, porque no dejaba salir a mi alma. Y ya veis, algo consiguió y aún así, no acaba de salir mi alma del todo.

No era un ser perfecto, no lo endioséis. Pero con la libertad que me da el anonimato resaltaré algunas de sus cualidades, cualidades que cualquiera con la visión limpia, sin gafas que distorsionan los objetos, podrá ver. Sí, es cierto también que tenía sus propias ataduras, sus propias heridas, pero siento una conexión especial con ese tipo de seres, quizás porque son como yo, porque eso es lo que nos une, porque nos hemos convertido en alquimistas de nuestra propia mugre.
Y tampoco diré que lo supe tratar siempre bien y que no lo ensucié con el veneno de mi boca. Eso es algo sobre lo que él me aconsejó y que, por más que he intentado, no me sale. Así que ya he renunciado. Tan sólo espero, con práctica, llegar a controlar el veneno para expulsarlo sólo en los momentos y con las personas apropiadas.
Yo no soy buena persona, y si alguien me lo echa en cara, al fin y al cabo yo nunca dije que lo fuera. No soy responsable de la imagen que otros se forman de mí.
Va llegando la hora de mis responsabilidades asfálticas, justo cuando empiezo a entrar en calor. Esta es otra de las maneras en que se manifiesta mi muro para que no me exprese, pero todo va a cambiar, porque he encontrado el tornillo que hay que apretar, he hallado la raíz de la avería y estoy en ello. Pronto tendréis mi arte hasta en la sopa.

Dije que resaltaría algunas de las cualidades de este misterioso y magnífico ser. Se me acaba el tiempo, quizás después. De momento sólo puedo deciros que me enseño bastante sobre la libertad, aún encadenado, aún yo encadenada. Lo más importante que aprendí es que yo soy mi dueña y yo soy mi esclava. Si tengo cadenas, que sean sólo las mías. Así era él. Nadie jamás le encadenó sino sus propias heridas, sus propias decisiones. 

Pero no creáis que me rindo, que si apenas tengo energía es porque la gasto toda en hallar el modo de librarme de mis cadenas; cadenas que ya nacieron conmigo. Los ancestros nos dejan tareas que debemos convertir en oportunidades. A veces me cabreo con ellos, pero en el fondo saben que llegaré a la meta, y yo sé que ellos, dentro de sus posibilidades, me ayudan.

Quizás os cuente más sobre este ser de fantasía, mitad ent, que contiene en su mirada la abrumadora oscuridad sobre la que reposan millones de estrellas y galaxias.

Espero que nos veamos pronto.
¡Feliz libertad!

15/11/13

Reconstruyendo el puente

Manos atadas. No pudimos. El puente se quebró. Caímos al volcán, volcán de asfalto el mío, el tuyo de olvido. 
Ahora puedo repararlo en mí, reconstruir mi puente y el paisaje en el que se sostiene; dejo que las tejedoras se conviertan por un segundo en cirujanas de átomos.
Me llevan a un punto de encuentro, aspirando entre la niebla, tenue, el aroma de la paz. Ojos en blanco, profundo sonido esférico, golpes de tambor, chasquido de ramas... Silencio. Abro los ojos. Estoy en mi cama, siempre he sabido que era temporal y ahora he desbloqueado la atadura. Un pensamiento me da la bienvenida. Me levanto sabiendo lo que tengo que hacer. Preparo la maleta. Voy a la estación, esta vez con pasaje. Y vuelo a mi paraíso, sabiendo que ningunas cadenas me obligarán a volver.