19/9/15

Tus dulces manos

En medio de la aplastante rutina, clamé. Mi pecho estuvo muerto, fue piedra, y clamé.

Asomé mis pétalos marchitos por entre los montones de chatarra y pude beber por breves momentos tu luz. Y así fui bañándome en ti, entre aguas de desaliento y de esperanza. Hasta que llegó el día, como otras veces, elegiste un lugar mágico, belleza salida de tus dulces manos; te llevaste la chatarra, besaste mi corazón y lo encendiste con tu aliento.

Por fin pude cantar esa frase que antes se quedaba atascada en mi boca: la pasión no morirá. La pasión no había muerto del todo, aunque aún no lo sabía, y tú la reviviste. Por eso hoy puedo escribirte estas palabras, porque eres tú quien peina mi alma, quien deshace con ternura sus enredones; eres la brisa que corretea por mi interior, acariciando cada rincón, quien da brillo a mis ojos y luz a mi tristeza, quien me mantiene en la esperanza cuando la niebla no me deja ver lo que hay alrededor, quien conoce mis tropiezos y levanta mis manos en los momentos en que sé que no lo merezco, quien me enseña a perdonarme cada día. 

15/8/15

Añil


Se abrió la caja de música y ahora la vibración de las notas comienza a agitar el pecho dormido en un salino vaivén.

Me recorre el colorido sueño mientras intento adelantar todo el trabajo atrasado. Fuerza que invalida el plomo de la rutina con las alas de esos seres que bailan por mi pecho, por toda mi alma. Agitan las dormidas aguas y se van mojando las obligaciones.

Aparto estos papeles que otras veces me alegran. Hoy no puedo conformarme, no puedo fingir que algunos de mis sueños sustituyen al más grande de todos, el que huyó con las estrellas y dejó mi cielo en los huesos.

Tanto anhelaba la capacidad de sentir, que finalmente venció y he quedado expuesta a esta sucesión de brisa y vendaval.

Tanto, tanto quise derretir la roca de mis entrañas y empapar las nubes, tal vez por ver si así el cielo vuelve a brillar. Pero hoy todo es de un añil inabarcable.

Noche azul que empaña las palabras. Sutilidad que sumerge a la razón en el mar de sueño que me ha vencido. Y ya no veo nada más que el azul.


13/8/15

El silencio del nudo de mar

El nudo de mar ha callado. ¿Dónde navega? La oscuridad no me deja comprobar si crecen plantas en su orilla; ¿han perdido el verdor?
El nudo de mar no respira, o no oigo el motor de su aliento. La perla está más oculta. Ni vida ni muerte. Insípida espera.

Pensamiento hueco. No anhelo ese momento en que se desenrede mi (¿nuestro?) nudo de mar. Pecho sedado, ¿por qué? 

¿Cómo se ha dormido mi pecho? No es muerte, solo descanso semejante al dulce sueño tras un día agitado. Un sueño sin sueños. Una pantalla de cine media hora antes de que comience la película, de que suene el despertador.

¿Qué huracán de emociones encierra esta neblina? No palpita hoy el mar, incluso su sal duerme.
Y no sé si quiero que caiga la noche y despierte mi alma, y hablen los árboles y navegue el viento y el búho derrote a la ceguera, o si en cambio prefiero seguir en este blancuzco sueño, este universo varado tan lejos del misterio.

Si pasadas unas horas las olas me golpean, querré haber seguido durmiendo. ¿Pero no es mi voluntad esa hoja que nada puede hacer contra el vendaval que la arrastra y la nieve que la devuelve con rudeza al suelo?

La nieve, sí, la nieve de este blanco sueño que embota esa parte de la mente que se entrevera con el alma.

Qué extraño es este sosegado no sentir, tan diferente de la muerte pasada. Solo logra introducirse en el lienzo una sutil amenaza. ¿Será un tsunami o una bella ola dorada? ¿Será desgarro o arco iris? El alma anhela el galope de esos oiseaux de mon coeur, pero está cansada de acabar siempre en la UCILI (unidad de cuidados intensivos para locos inconformistas). Parece que esta vez prefiere conformarse, parece que quiere huir de caballos sin brida.

¿Podrá seguir reposando?


26/7/15

Sentimientos lapidados



Ven a rescatar mi rosa. Clamo a ti día y noche. No alcanzo la esperanza, se ha disuelto el material de los sueños. No, no puedo soñar.
Tan lejana que escapa a mi vista, o tal vez es el humo que me envuelve, que adormece mis manos y ahoga mi pecho el que la aparta de mis sentidos, pero en realidad está a un centímetro de mí, flotando en su cielo –lo puro no puede vivir en un aire contaminado-, esperando la espada que rasgue esta lona.
Dónde, dónde está la brisa. ¿Hace cuántos siglos perdí las estrellas? Ven a rescatar mi perla, no siento la llama, y aun así no hace frío. No, no hay brisa, aquí no hay nada.
Llorar por mi volcán, echar de menos… nada. No puedo hacer nada. Ha muerto mi cuerpo, solo es un amorfo conjunto de harapos vacío por dentro.
Necesito tanto mi alma. Ven, ven a rescatarla, baja a los infiernos, vence a las fieras. Yo no tengo fuerzas, quedé enredada en mi veneno. Mi rosa está sucia, mi rostro arrugado, mis manos son escarcha, mis pies están anclados. Y yo solo quiero vivir, beber la luz del cielo, arroparme con los colores del arco iris.
Ven, ven a rescatarme.

18/7/15

"Quiero vivir, vivir... y ser yo, yo, yo..."

¿Por qué siento mi ser tan ancestral como los escalones en los que reposo el vuelo de mis pensamientos? Tal vez porque mi alma fue pensada antes de la fundación del mundo, tal vez porque es una flor extraña diseñada por un jardinero e insertada en carne de cemento y ceniza, que constantemente la quiere sepultar.

Y claro, claro que me contamina, claro que he de cortar diariamente estas zarzas de alambre que solo sirven para herir. Pero que nadie diga que no existe esta fragancia que cosquillea mi cuerpo e ilumina mis ojos.

¿Que no me pertenece? Eso ya lo sé. Sé que es un don, entonces dejadme disfrutarlo. Porque no quiero fundirme en la nada, porque son estos esbozos dorados los que mantienen viva mi esperanza, porque incluso los copos de nieve son todos diferentes entre sí.

Es mi clamor repetido: "dejadme ser, dejadme ser yo, dejadme ser más". Y no, yo no quiero ser Dios, pues Él es más bello y complejo de lo que yo seré nunca, solo una pieza de su gran puzzle, el sendero de un bosque que pasea junto a un arroyo dentro de un mundo infinito que recoge todas las maravillas conocidas -un manto de innumerables olas de arena en cuyo centro hay un oasis, grandes cascadas peinando un imponente verde, altos árboles tropicales, refugio de coloridas aves- y las que aún no han sido ni siquiera soñadas.

Pero no, no matéis el paisaje de mi alma. Yo no soy culpable de que no sepáis escucharos a vosotros mismos, respiraros. Quizás Él os hizo así por un motivo.
El sentido de la vida, y aun de la vida eterna es existir. Si quisiéramos fundirnos con la nada, entonces cambiaríamos de Dios y de creencias. Por tanto, dejadme, dejadme ser yo, cada día más y más, para eliminar el desguace que me aprisiona y convertirme en lo que siempre debí ser, en el propósito original.

Solo quiero ser.