16/12/15

Tu dulce destierro

¿Cuántas veces habré de pedirte que me expulses de tu memoria? Arriban a esta orilla las olas transportando el eco de tus pensamientos. ¿Acaso creen que soy un puerto? Tú sabes que ni encrucijada de caminos ni suave y amena playa se pueden encontrar en mí, pues te asomaste tímidamente al mismo acantilado al que se le antojó hacerte huir.

¿Pero qué vienes buscando ahora? Intentas seducirme con promesas de un calmado futuro, ignorando aún el vendaval con el que se viste mi pecho. Y mi cuerpo es agitado testigo de cómo das palos de ciego. Ven, escucha: si tanto te interesa convencerme, sedúceme con la extasiada danza de desconocidos seres arbóreos entre tu sangre y tu piel, atráeme con los nudos de mar que un afortunado día aprendiste a deshacer, no busques ocultar el alfabeto perdido de tus raíces, muéstrame los colores que te parieron, embriágame con la savia del bosque sagrado, si es que ha sido ella la que ha ido añadiéndole palmos a tu ser.

Pero no, no me recuerdes si la chispa de la vida nunca rozó tu corazón, si tu nombre no tiene fragancia, si no hay magia en tus manos. No me pienses como el gorrión que descansa en su nido, sino como el águila que besa el viento. No me sueñes si te asustan los acantilados, si en ti murió la sensatez del mundo y la locura de los días. No me sueñes si para ti las palabras son conjuntos de letras y las melodías una serie de notas.

Si en ti no hay paisajes, destiérrame de tu memoria, deja que mi eterna ausencia cubra las huellas y busca una serena playa en la que seguir jugando a vivir.

13/12/15

Explícame...

Explícame cómo es esto de vivir, porque nunca lo he sabido. ¿Qué es vivir? Yo sueño, pero mis pies cargan con kilos de lodo. Decenas de angelillos diabólicos disparando angulares circunstancias y, por un lado, mis colores, mientras por otro, ogrientas emociones que intentan desahuciarme de mi propio cuerpo.

¿Cómo se hace para ser valiente? ¿Cómo saltas al vacío cuando no te juegas solo tu vida, sino que hay un alma inocente que depende de ti? No sé si hago lo correcto, trato de ir vadeando las saetas que quiebran mi paz y por el camino aplasto alguna que otra víbora. No te asombres, es por el barro de mis pies, que con el tiempo se va endureciendo.

Pero de todos modos, ¿acaso sabes tú más que yo de ser valiente? Mejor no remover el pasado, porque los dos podemos acabar pringados. 

¿Y de qué han servido estas palabras? ¿Pero es que alguna vez se aprende a vivir o es un privilegio que solo adquirimos cuando ya no necesitamos saberlo? 

Solo quiero que mi estrella azul brille tan fuerte que nada pueda volver a apagarla jamás. Pero mira, diciembre y la blanca neblina, la falta de noche y de fuego, la falta de ti, un cobarde al que mi cobardía detesta y a quien mi pecho no se cansa de amar.

Quisiera ser solo pecho para poder vivir de verdad. Que todo fuera gritar de alegría, llorar de pasión. Que todo fueran nudos de manos. Pero aquí estoy, helada, cansada por el peso de mis pies, esperando la siguiente flecha envenenada. ¿Y tú, dónde, cómo estás?

El hechizo

Estaba demasiado ocupada remendando cicatrices como para enseñarte mis medias de cristal, de manera que no descubriste el hada que esperaba aburrida dentro de mí. Y ahora que anhelo tanto asombrarte, ya es demasiado tarde.

Se han esfumado las medias de cristal, se ha perdido el color de mis mejillas y mis ojos, que antes te embrujaban, viven ahora enmarcados en una pared de granito. Mis cabellos aún no son blancos, pero no hay nada suave en ellos; por aquí siempre hay niebla.

Mi hada ya no está aburrida, sino que ha comenzado a desvanecerse y clama porque tus labios besen a este sapo que la envuelve y rompas así el hechizo.

16/11/15

19/IX/2015

Un año después, he vuelto a este rincón en el que acepté la realidad, profunda como estas aguas, de que, una vez muerto el dolor y el olvido, has pasado a vivir en mis venas. Supe que todas las ilusiones que han querido embriagarme  desde mi huida, y las que vendrán, no son más que cartón envuelto en papel dorado. Nada tan puro, tan de carne y alma como tú. Tu azabache. Tu azabache vence a mi vergüenza y hablo sin tapujos de tus ojos. Pequeños ojos negros. Ojos de artista, de poeta de la noche y de verdes mañanas. Inteligencia y real irrealidad en un mismo rostro.

Regreso a mis aguas, las que me han visto crecer. ¿No son también, junto con tu azabache y la sangre del nazareno, las que sustentan mi ser? Y hoy solo pienso que nunca las recorriste. Tal vez fue culpa mía por derramar en ti esa inconsistente mezcla de miel y hiel que tantos años he sido. Me atrevo a escribirte sabiendo que no te merezco, que solo he sabido herir tu corazón de niño envuelto en roca. Y sabiendo también que nunca volveré a reflejarme en tus ojos negros. El único cristal en el que podré mirarme seguirán siendo estas aguas de mi infancia.

2/11/15

Se disipará la niebla

Este gris que a veces me asola. ¿Por qué dura tanto el invierno que ni siquiera ha comenzado? Se me vuelve insípido el color de las hojas y me da por preguntarme si toda la vida he estado luchando por dibujar una sonrisa, si acaso no poseo esa cualidad de manera innata. Entonces me entristezco aún más.

Quisiera pensar que la alegría, hija de Febo, habita en mí y que los años siempre han ansiado oscurecerla; que en mis días lo que prevalece no es el gris, sino la lucha. Y desearía oír un susurro del cielo llamándome luchadora, más aún que vencedora, porque para vencer hay muchas vías, pero la lucha lleva en sus venas la dignidad.

Sé que las nieves de mi alma que hoy parecen eternas, mañana se habrán fundido. Durante las noches el humo de mis ojos se disipa y el invisible sol vuelve a abrazarme al alba. Y dejaré de preguntarme por el origen de mi sonrisa. La plenitud produce certeza. Pero ella, como el frío manto, tampoco es eterna.

Otro día regresaré al océano de niebla, me arrastrará la descendiente curva de las olas. Espero que al menos se lleve esta culpa al mostrarme que la vida es un vaivén en el que todo el mundo, de vez en cuando, llora.

L'enlèvement de Proserpine, Simone Pignoni