9/12/19

Sobre el fascismo y la libertad


Si quisiéramos formar una biblioteca pública, ¿qué criterios tendríamos que seguir? El objetivo sería que las nuevas generaciones tuviesen acceso a todo el conocimiento posible: filosófico, literario, histórico, científico...; así como al conjunto de patrimonio artístico, musical, etc.

En principio, toda obra serviría para ofrecer a cualquiera la posibilidad de conocer, en mayor o menor profundidad, dependiendo de sus propios intereses, la o las disciplinas sobre las que desee ilustrarse.

El ingrediente esencial que, por desgracia, hemos casi anulado en nuestra época, es la pura curiosidad, el anhelo de comprender mejor el mundo que nos rodea, tanto el próximo como el más alejado.

Ahora bien, ¿qué haríamos con determinadas obras? Imaginemos un libro que recoja el pensamiento de un ideólogo de cualquier dictadura fascista o el artículo de un periódico como Okdiario. Pensamos que es de sentido común darse cuenta de la manipulación que esconden sus líneas, pero la experiencia actual -y del pasado- nos demuestra que muchas personas pueden ser convencidas, simplemente porque esas ideas vienen disfrazadas de argumentos lógicos. Además, tales autores utilizan algunas de las estrategias que describe Javier de Santiago Guervós en Principios de comunicación persuasiva (aquí las resumí).

Un ejemplo es un artículo que se publicó recientemente en la revista Letras Libres, cuyo prestigio se usa también para convencer de la veracidad del mismo. Se trata de “Lengua vulgar de España: por qué el español es nuestra lengua común”, que está plagado de imprecisiones lingüísticas (cuando no directamente de mentiras descaradas), pero que muchos lectores han aplaudido.

Veamos algunas muestras:

  • “La propaganda nacionalista sostiene que el español es una lengua sin raíces en Cataluña o País Vasco”: no lo dice la propaganda nacionalista, sino la propia Lingüística. Si nos remontamos al origen de las lenguas habladas en España, vemos que el castellano nace al norte de Burgos y se va extendiendo (debido a las campañas militares de la Reconquista) hacia el sur. El euskera ya estaba en una zona más amplia que la actual antes de la romanización. Y, en cuanto al catalán, como lengua hermana del castellano y del resto de lenguas iberorromances, tiene un desarrollo paralelo a este.
  • Parte de la idea, desmontada por Juan Carlos Moreno Cabrera, de que castellano y español no son lo mismo.
  • “el español nace como un latín mal aprendido”: el castellano o español, como el resto de lenguas romances, se desarrolla a partir de una variedad concreta del latín. El término “vulgar” no se refiere a latín mal aprendido o mal hablado, sino a un registro concreto de la lengua. Aquí el autor se basa en el prejuicio de que la lengua hablada en un contexto coloquial es inferior al registro culto y formal, cuando precisamente la riqueza de una lengua está en las múltiples posibilidades que ofrece para adaptarse a cualquier tipo de situación. 

Aunque acudamos al conocimiento para desmentir este tipo de afirmaciones, esto no es suficiente para que las personas vean la intencionalidad que hay detrás. Al contrario, se nos tacha de estar al servicio del nacionalismo, etc. Toda contraargumentación es invalidada desde el momento en que se nos señala como enemigos; y son ellos los que usan el discurso victimista para potenciar esto. Fijaos en que lla segunda palabra que aparece en el subtítulo del artículo es “propaganda”. Además, está en la sección de política, cuando este es (o debería ser, sobre todo) un asunto lingüístico.

Pero regresemos a lo que planteaba al principio: ¿es adecuado incluir en una biblioteca, con el objetivo que hemos definido, textos de un sesgo ideológico totalitario que lleven a la discriminación por razón de sexo, etnia, lengua, creencias, etc.?

¿Deberíamos incluir obras con el poder de convencer a los menos avispados de que hay grupos sociales que merecen nuestro rechazo? Yo no creo en el trato paternalista hacia las personas. Personalmente, no necesito que alguien me “proteja” de los peligros de textos fascistas. Es más, prefiero leerlos para analizarlos en profundidad y advertir sus estrategias de manipulación. Pero ¿y qué pasa con los más jóvenes? Recientemente hemos visto que partidos antidemocráticos tienen la capacidad de convencer incluso a la gente joven. Somos testigos actualmente de una brutal campaña propagandística y tenemos el reto de combatirla.

Otra pregunta que me hago es ¿caemos nosotros en el fascismo al rechazar a un colectivo? Mi respuesta es decididamente no, si lo que repudiamos son sus ideas. Es decir, mientras determinada persona sostenga una idea que lleva “a la discriminación por razón de sexo, etnia, lengua...”, esa persona no puede tener un papel relevante en nuestra sociedad. Pero no tenemos ningún derecho a agredirla verbal ni físicamente. Simplemente no podemos darle un altavoz para que difunda sus ideas, que es justo lo que sí han hecho importantes medios de comunicación españoles en los últimos meses.

A modo de conclusión, hemos de reafirmarnos en lo defendido por los derechos humanos fundamentales, ya que estamos asistiendo al auge de movimientos fascistas que logran convencer incluso a personas de nuestro día a día que siempre han sido respetuosas y tolerantes. Creo que las circunstancias económicas actuales pueden ser un aliciente para ello. Hoy más que nunca conviene releer ese esclarecedor capítulo de El miedo a la libertad, de Erich Fromm: “Psicología del nazismo”, en el que se nos explica cómo los ideólogos nazis lograron convencer al pueblo alemán de sus ideas de odio, que estaban disfrazadas de justas y necesarias. El fascismo actual, dirigido hacia los pueblos y hacia las lenguas, enarbola la bandera de la libertad, palabra que aparece una y otra vez en sus discursos (recordad el recurso de la selección léxica explicado por Guervós), apoderándose del concepto para que los opresores seamos quienes defendemos el uso o la oficialidad de una lengua en peligro o, más importante aún, la protección de personas vulnerables, como los niños, niñas y adolescentes que han llegado solos a nuestro país, quizás huyendo de situaciones de pobreza y de guerra, causados por la voracidad del llamado Primer Mundo.

Quizás nuestra principal lucha ideológica (que puede ir acompañada de acciones concretas) en este momento es la de no permitir que el fascismo nos robe el significado de la palabra “libertad”.

23/11/19

Más sobre individualismo y gregarismo

Ya he escrito sobre este tema, pero es algo que debemos tener muy presente. Este texto es sobre todo un recordatorio que me hago a mí misma y que comparto por si a alguien le resulta útil.

Llevo tiempo criticando duramente esa actitud de los seres humanos que, como expliqué en Cómo nos convencen los políticos, nos convierte en personas fácilmente manipulables. Solo hay que ver experimentos como el de Solomon Asch, en el que se comprueba que una mayoría de nosotros es capaz de renunciar a sus propias verdades o dudar de sí mismo por su necesidad de pertenencia al grupo.
"El ser humano, como ser social que es, necesita una sociedad en la que vivir y desarrollarse (esto es así para todos los primates)". Francisco Orozco Guerrero
Nacemos en un ambiente determinado, en una cultura determinada, en la que nos alimentamos de una serie de creencias que son las aceptadas mayoritariamente por todos. Sin embargo, en una sociedad hay individuos críticos, personas que sienten que no encajan o que se dan cuenta de que muchas de esas creencias con las que hemos crecido son muy cuestionables.

Y eso está bien. El problema reside en que no podemos vivir ajenos a nuestra propia naturaleza, que es compleja, ya que tenemos varios componentes, y el emocional posee mayor fuerza que el racional. La vida, en realidad, comporta un constante esfuerzo en equilibrar esos dos aspectos y en salir de la esclavitud de las emociones, e incluso llegar a convertirlas en nuestras aliadas. Personalmente, pienso que solo ellas, a través de lo racional, pueden llevarnos a la sublimación.

Pero también puede pasar que, debido a las incontables experiencias negativas con la mayoría a causa de nuestro pensamiento crítico y nuestro cuestionamiento de lo socialmente aceptado, e incluso por ser diferentes desde la infancia, hayamos adquirido serias dificultades a la hora de relacionarnos con esos demás, esa mayoría que se aferra a creencias que seguramente nos perjudican a todos.

Y, si no hemos tenido una buena capacidad de gestionar las emociones derivadas del rechazo y la incomprensión, corremos el riesgo de padecer el otro mal de nuestra época: el individualismo e, incluso, la misantropía.

¿Tenemos razones para ser misántropos? Muchas, y sin embargo, no es la opción más apropiada. En primer lugar, porque no beneficia a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. En segundo lugar, porque es precisamente uno de los objetivos del sistema.

Lo único que de verdad teme el sistema, además de la rebeldía, es el amor. El amor puro hacia nosotros mismos, que nos lleva a superarnos, a contemplar sin miedo nuestros errores, lo que subyace en el inconsciente, nuestra peste, para contaminar cada vez menos y a menos personas. Y el amor también hacia aquellos que hemos decidido que formen parte de nuestro círculo íntimo, algo que tampoco es fácil, ya que las relaciones (de amistad, de pareja, familiares...) están también contaminadas por esa peste que reside en todos los seres humanos.

Y para no caer en la misantropía, bastaría con sostenerse en la idea de que todos los seres humanos somos dignos, algo que nos hizo recordar un profesor de Filosofía en una clase, hace muy poco. ¿Cómo es posible que lo olvidemos tan a menudo? Seguramente porque vemos demasiado dolor e injusticias cada día.

La continuación de este texto la tenemos que hacer cada uno de nosotros, primero en nuestro interior y después exteriorizándola.

Tan solo lanzo una pregunta: ¿es el gregarismo perjudicial per se?

21/11/19

Nota


¿Hay un grito que haga pedazos esta jaula de cristal?

Quizás no un grito, sino una melodía. Tajante y perenne como lo eran antes mis pasos.

Quizás... quizás estoy cada día más cerca. Nota a nota. In crescendo.

Tal vez es mentira este antisilencio. Un enredo de la niebla para no morir de inanición. No me salvarán los abrazos, como afirman los perpetuadores de quimeras. Me salvará creer en la armonía de mis pasos de caótica apariencia.

Me salvará cerrar los ojos todas las veces necesarias hasta que recuerde la noche limpia que vive en mí.

Me salvará, como siempre, mi suave beso valiente que no teme sumergirse en los infiernos.

8/11/19

8-XI-2019

No puedes oír mi bosque y se alejan las manos que salvan los instantes. Se cierra la puerta y se retuerce el reloj, que gira tan rápido que parece quieto.
Ya no hablo de las palabras que me ahogan. Desde ayer son esa manta que, aunque no calienta, no me quiere abandonar.
Te vas. Y yo callo por culpa de la certeza de verte mañana. 
Y la seda que sale de mi pecho desfallece antes de llegar a mi piel.
Cierro los ojos. Ya estoy lejos. Lejos de las lágrimas. Lejos de mi pecho. Lejos de ti.