18/6/14

De la Nada al Infinito Paisaje

Llevo una vida demasiado desordenada. Me quedo dormida cuando tengo mis últimas cosas por hacer y luego me despierto y me enredo con las letras y las notas, las primeras me retienen, las segundas me impulsan. ¿No será que acaso fui hecha así? ¿En qué estaba pensando Dios cuando me creó? ¿Qué ideas pasaban por su mente, qué le inspiró? ¿De dónde viene ese puntito de locura? El dueño de las palabras, el mayor inventor de historias, el conocedor del misterio de la vida, Él mismo un misterio, ¿qué misterio puso en mí que ni yo misma lo encuentro? Ligeramente lo percibo, muy en el horizonte; ese olor que de repente te recuerda algo que no sabes qué es.

Somos paisajes cada uno de nosotros, pero la mayoría está tan escondida tras capas de falsa personalidad para "encajar" en una sociedad sin olor, sin tacto, sin sabor... una sociedad devorada por la Nada, que es realmente difícil contemplar el esbozo de cada alma.

Oh eso fue lo que vi, ese paisaje azabache, debido a la desnudez de su alma, corazón sangrante pero descubierto. Imposible que no te escociera. Un pecho abierto, sí, y también preso. Un pecho que aprendió a nadar en su propio dolor y ya no quiso salir de ahí.

Tal vez sea algo demasiado impresionante contemplar tan de cerca los paisajes del alma, porque acabas tan inmerso en ellos que se vuelven parte de ti y te entra la pereza al ponerte la vida otro paisaje delante. Si el azabache es ahora tinta en mis venas, lecho en que brillan mis estrellas, ¿cómo acoplar otro paisaje? Si el mío es tan vasto que aún ni yo misma lo conozco por entero, ¿cómo otro paisaje más? 

Dicen que somos infinitos, pero yo siento que no hay espacio para nada más, que con mi mundo tengo tanto ya por explorar, tan hermoso e inabarcable... ¿Es esto egoísmo? 

Tanto amo mi libertad y tanto esfuerzo me ha costado llegar hasta ella que no deseo renunciar a ella, sino inhalar mil bosques, otear profundos valles, acariciar millones de flores, escuchar la voz de cada arroyo, arroparme noche tras noche con el reflejo de esa perfecta fusión que late en mí... 

¿Qué sentido tiene la religión en todo esto? Es muy sencillo: nacimos separados de la eternidad, del paisaje de nuestra alma, condenados a vivir inmersos en la Nada, pero tuvimos un William Wallace que alzó su espada contra ella, que quebró las cadenas del corazón, que reconstruyó el puente que nos llevaba hasta nuestra Verdad. Nos guió de nuevo hasta la belleza de nuestro corazón. Es por eso que el dueño del azabache sigue preso de su sangre seca y no puede respirar el paisaje que yo descubrí en ese cansado palpitar.

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