26/1/22

La tragedia es otra

La alarma es el pan nuestro de cada día en todo tipo de periódicos, en papel o digitales, telediarios y programas de televisión, plataformas de vídeo y redes sociales, incluida la aplicación WhatsApp, que lamentablemente se ha convertido en una herramienta de comunicación personal para la gran mayoría (detrás de lo "gratuito" -la tarifa de datos la pagamos y el smartphone también- siempre hay trampa).

Los encargados de extender el pánico entre la población no solo buscan el sometimiento masivo a la dictadura sanitaria que, en nombre de la pseudociencia (autores recomendados: Máximo Sandín, Emilio Cervantes, Jesús García Blanca, etc.), se ha instaurado desde 2020 -si bien la preparación ya venía de antes-, sino que, desde medios alternativos -la mayoría intencionadamente y otros (perfiles con pocos seguidores) por falta de criterio- también hay una constante irradiación de noticias alarmistas. 

Es cierto que existe una realidad de base ante la que conviene ser precavidos, o más bien astutos. Y no estoy hablando del cuidado que supuestamente debemos tener hacia un enemigo mortal que flota por el aire invisible a nuestros ojos, pues la Teoría Microbiana de la Enfermedad es un dogma pseudocientífico nunca demostrado. Me refiero al peligro real que se levantó en 2020, pero que no es nada nuevo, ya que la represión es lo característico de la civilización desde su nacimiento hace algunos milenios (ver Guillermo Piquero y Casilda Rodrigáñez, por ejemplo). 

Tal peligro, la represión causada por la dictadura sanitaria, no llega tan lejos como los medios alternativos nos quieren hacer creer. Interesa tener a la población en un estado de miedo: tanto a quienes erigen en gurús a científicos y periodistas al servicio de la Big Pharma como a los que se informan a través de los perfiles y plataformas de Internet alternativos. Estos no necesariamente dicen la verdad y suelen ser una herramienta utilizada por el Poder (recomiendo este artículo: La verdad que nadie quiere oír sobre los medios alternativos de Internet).

Pero ¿para qué este (el Poder) gastaría recursos en la difusión de noticias alternativas que supuestamente contradicen y desmontan la información oficial? Muy simple: para desviar a un importante número de personas de la verdad y que no resulten un obstáculo para sus planes. Por supuesto, para las masas son más seductoras teorías apocalípticas que despiertan una montaña rusa de emociones, ya que somos humanos y nos gustan las historias asombrosas, aunque estén teñidas de tragedia. La verdad, por el contrario, puede resultar menos interesante, pero no por ello es menos peligrosa para nosotros. Por ejemplo, algunos informadores del desastre pintan al público un futuro en el que a través de tecnología implantada en el cerebro, se controla a los seres humanos. Bueno, en realidad no hay que irse a ningún futuro. Las mentes -y, por lo tanto, el comportamiento humano- llevan controlándose desde el comienzo de la civilización a través de los mitos, las religiones y las leyes (ver mi artículo sobre la ley natural en este blog). Si no hubiera sido así, no se habría logrado la sumisión masiva a la dictadura sanitaria.

Nos presionan también con el pasaporte sanitario y las consecuencias de no vacunarnos. Medios oficiales y alternativos se ponen de acuerdo para aterrorizar a la gente. Sin embargo, aunque algo hay de base, la realidad no es para tanto. Y, por otro lado, resulta contradictorio que a la mayoría le preocupe más no seguir con su vida de la "vieja normalidad" que lo terrible que era la misma a causa de la acumulación de capital y que llevaba y lleva a la infelicidad absoluta, al estar acorazados por la represión sexual sin la cual la acumulación de capital no sería posible, despiezados por la alienación laboral y narcotizados por el consumismo. Esta es la verdadera tragedia y la que se busca ocultar tras el pánico irradiado desde los medios de comunicación oficiales y alternativos. Se exageran las consecuencias de no vacunarse (no poder viajar, entrar en bares y restaurantes y otros establecimientos públicos...) y se normaliza así el tipo de vida que llevamos bajo el yugo del sistema capitalista, comprando a los seres humanos con chucherías que ni siquiera nos dan la felicidad, mientras, entre bambalinas, nos impiden gestionar directamente los medios de producción que servirían para satisfacer nuestras necesidades básicas. La única salida a la represión consiste en tomar las tierras, las viviendas y las fábricas, tal como explica Kropotkin en "La conquista del pan", y no en hacer manifestaciones contra el pasaporte sanitario para poder seguir alienados. Y no estoy diciendo que no haya que manifestarse, pero hay que hacerlo teniendo claro el objetivo último y no limitándose solo a exigir las chucherías ofrecidas por el sistema, sino buscando eliminarlo, lo cual ya es de por sí objeto de análisis y algo nada sencillo. Yo, desde luego, no tengo la respuesta mientras los que nos oponemos a él seamos una ínfima minoría. 

25/1/22

Cuéntame tus cuentos, Madre

Me grito que no puedo. Que no puedo dentro de este falso caos seguir mi senda. 

Todo incendiado. Todo quebrado.

Solo Gaia persiste, quieta. Y algunos revoloteamos alrededor de sus faldas, a veces. O nos sentamos en su regazo para escuchar sus cuentos. 

Pero nuestros ojos no se cierran ante la crueldad ejercida contra la vida. Hay algo no natural que lo consume todo, que va apagando los colores.

Ese algo que encerró ya en los primeros años el flujo, quedando atrapado en las pestañas, en el cuello, en la tristeza y en el vencimiento. 

Y ahora tratamos de volar, de respirar y latir, como el pajarillo, como la ballena. Pero nos desorienta el gris en el mar, en el aire. Por eso no hallamos la senda.

Cuéntame tus cuentos, Madre. Besa mis ojos para que solo vea tu dulce aliento y mi sangre sea como las lágrimas del Fénix. 

25-I-2022

He convertido mis pasos en dulce enredadera. Salí del laberinto con las manos solas y el corazón ligero. Y ahora busco, ya sin tormentas, el camino en espiral. 

No; aunque parezca, no me olvidé del azul. Es solo que ahora toca separar el genuino de las huellas de sueños, refugio de ojos perdidos y brazos ausentes. 

Toca entender aquel tren, aquel vagón triste, blanquecino, en que creció el agujero caníbal, la ciénaga espesa del antisilencio, cuando quedaron lejos el mar y el canto de las olas.

Soñé días enteros con el olor casi desconocido que salía del fuego lejano. Y para no sentir la escarcha, dibujé universos imposibles en los campos de amapolas y me sumergí, insaciable, en los bosques alfabéticos.

Allí me quedé, allí sigo ahora que amenazan otoños sin primavera. Pero confundí el azul. Confundí las páginas vibrantes con el reflejo de la escarcha. El pecho siente a medias; siente a medias y hacia adentro. 

Se quiebra a veces la voz. Se rompe algo en los dedos. Las olas aún danzan lejanas. Continúo en busca de la serpiente. Tal vez me alcance el dardo envenenado antes de encontrarla y me convierta en piedra. O tal vez me quede eternamente vagando, parafraseando al poeta, en las lindes de mi destino. 

Me castigo por las letras que me absorben y los libros que no abro. Las primeras son turbante fantasmal. Los segundos, en cambio, hacen sangrar el pecho, quien, tras la lluvia de fuego, renace azul, brillante y sonoro.

No me salvarán látigos ni relojes. Quizás observar las hojas; quizás perderme en besos anhelados; quizás los pasos solos bajo las noches de invierno, fascinada por el secreto a voces del cielo, que no es obra de un inaccesible dios, sino un manto real, palpable, tan lleno. 

Quizás desenrede el azul. Quizás bese a la serpiente y me transforme en sus alas. Quizás comprenda, o quizás me convenza de lo que siempre comprendí. 

23/1/22

La invisibilización del anarquismo: el caso ruso

Como ya mencioné de manera sucinta en el artículo anterior, el anarquismo ha recibido innumerables ataques de toda índole. Uno de ellos ha consistido en la invisibilización del movimiento y de sus logros, como el importante papel desempeñado en la guerra civil española, que tal vez habría tenido diferentes resultados si el gobierno republicano no hubiese boicoteado la gestión popular de la lucha contra el fascismo, llevada a cabo no solo por militantes anarquistas, sino por miembros de organizaciones y sindicatos socialistas y comunistas, además de obreros y campesinos no militantes. 

Asimismo se suele mostrar una visión simplista de la revolución rusa que dio lugar a la URSS, olvidando mencionar el apoyo de anarquistas que luego fueron perseguidos. En el artículo sobre la propaganda anticomunista, expuse las conclusiones a las que llegó Wilhelm Reich acerca de la deriva autoritaria de la revolución, que considero acertadas en cuanto que el origen de todo autoritarismo está en la represión sexual (para datos científicos sobre ello, recomiendo una vez más los libros de Casilda Rodrigáñez, en los que encontraréis unas cuantas referencias a estudios de neuroendocrinología, neonatología, etc.). Sin embargo, hay quien opina que el germen autoritario ya estaba en los comienzos de la revolución. 

Advierto aquí también: que ningún fascista, derechista, neoliberal, nostálgico del franquismo, etc. utilice esta crítica al marxismo en su beneficio, pues no tenemos nada en común. Los análisis de Karl Marx y de teóricos marxistas posteriores son una gran aportación. El enfrentamiento ideológico entre marxistas y anarquistas no tiene nada que ver con el anticomunismo, cuya raíz está en la necesidad de las clases privilegiadas de denostar toda idea que pueda hacer peligrar su posición dominante. Trabajadores y revolucionarios marxistas y anarquistas han sido ejemplo de humanidad y honestidad cuando han puesto por encima de sus diferencias la solidaridad de clase.

Comparto, pues, un texto publicado en "Tierra y libertad" y que se puede leer también en este enlace: http://acracia.org/historico/Acracia/Karl_Marx,_los_anarquistas_en_la_praxis.html

Los anarquistas en la praxis marxista

Es ya un lugar común decir que la historia la escriben los vencedores. En el caso de la Revolución rusa, durante mucho tiempo se nos contó de manera simplista que un grupo de revolucionarios, comandados por Lenin, tomó el Palacio de Invierno para dar lugar al primer gran régimen socialista. Ahora, con otro tipo de historiografía oficial dominante, difícilmente se va a dar protagonismo en la historia a las masas y la defensa de sus organizaciones autónomas frente al poder. Mencionamos tres libros impagables que nos introducen en la Revolución rusa, el gran paradigma de la praxis marxista, desde el punto de vista de la autonomía del pueblo, no de ninguna élite, y aportando un análisis antiautoritario: Historia del movimiento Majnovista, de Piotr Archinov, La revolución desconocida, de Volin, y El mito bolchevique, de Alexander Berkman.

En el caso de la obra de Volin, se repasa de manera sucinta la historia de Rusia a partir de 1825, año del fracasado motín de los decembristas (en donde el poeta Pushkin fue un simpatizante), para detenerse luego en 1905 y, por supuesto, en la revolución de 1917; finalmente, el aplastamiento de todo intento verdaderamente revolucionario por parte de los bolcheviques en 1921. Volin narra los acontecimientos utilizando como fuente testigos directos y se arroja así luz sobre hechos oscuros o interesadamente tergiversados por historiadores afines al régimen bolchevique. La revolución desconocida echa por tierra las mentiras históricas de defensa de un régimen inaceptable y finalmente contrarrevolucionario; frente a la simpleza tan manida de que fue Stalin quien pervertió la Revolución, tal y como sostuvo Trotski, podemos leer las siguientes palababras: "¡Qué simple! Aun demasiado simple para dar explicación de nada. La explicación está, sin embargo, bien señalada: el estalinismo fue la consecuencia natural del fracaso de la verdadera Revolución, y no inversamente; y tal fracaso fue el fin natural de la ruta falsa en que el bolchevismo la empeñó. Dicho de otro modo: la degeneración de la Revolución extraviada y perdida trajo a Stalin, no Stalin quien hizo degenerar la Revolución".

En la segunda parte de su obra, Volin pone en evidencia los rasgos del nuevo régimen burocrático y totalitario: la situación de los obreros y campesinos, el poder y los privilegios de los nuevos amos y clase explotadora (los funcionarios del Estado), en definitiva, la estructura política y económica de la nueva sociedad con su autoritarismo y negligencia. También se detalla la anulación de la lucha autónoma y de la resistencia de los trabajadores contra el nuevo poder marxista en su focos más evidentes: el movimiento huelguístico de los obreros de Petrogrado, la Comuna de Kronstadt y la revolución de Ucrania. La realidad es que los bolcheviques tomaron el poder gracias a que gran parte del pueblo confió el destino de la revolución a un Partido; éste, a medida que se consolidaba en el poder fue anulando las conquistas revolucionarias. Gran parte de las masas comprendieron el error y trataron de enmendarlo, actuaron por su cuenta y tomaron la iniciativa para recuperar su autonomía. Las ideas anarquistas, al mismo tiempo, se fueron extendiendo; a los libertarios de Ucrania, se unieron los sublevados de Kronstand, que reclamaban un soviet libre bajo la autogestión obrera. La realidad es que el nuevo Estado socialista, consciente del peligro para su existencia, aplastó de manera implacable cada uno de esos focos: a los anarquistas y a cualquier forma de disidencia y descontento.

Los anarquistas fueron los primeros en denunciar el sistema burocrático y totalitario en Rusia, ellos mismos sufrieron la represión. A pesar de todo los mitos que se produjeron en los años posteriores, la verdad estaba accesible para quien quisiera conocerla; precisamente, para una auténtica sociedad libre de explotación, es necesario insistir en esos hechos históricos. Otro libro fundamental es Los anarquistas rusos, de Paul Avrich. Según este historiador, el anarquismo en Rusia poseía raíces profundas, con ideas provenientes de los pensadores occidentales, pero también con elementos indígenas. En 1905, en ese primer momento revolucionario, los anarquistas saludaron con entusiasmo el levantamiento espontáneo de las masas, en el que creyeron ver una plasmación de las ideas de Bakunin; no se produjo un movimiento libertario cohesionado y, después del fracaso revolucionario y de la consecuente represión, entrarían los anarquistas en un letargo hasta 1917. El fin de la monarquía, y el posterior derrumbamiento de la autoridad política y económica, hizo confiar a los ácratas en que el momento definitivo ya había llegado: se emprendió la tarea de acabar con el Estado y de dejar los medios de producción, campos, fábricas y talleres, en manos del pueblo. En la etapa de la insurrección y de la guerra civil, los anarquistas intentaron con todo su empeño llevar a cabo su programa de "acción directa": control obrero de la producción, creación de comunas libres en el campo y en la ciudad, combate sin cuartel contra los enemigos de la sociedad libertaria… Desgraciadamente, frente a los intentos de construir una sociedad de libertad e igualdad plenas, un nuevo despotismo se levantó sobre las ruinas del viejo.

Alexander Berkman, en 1925, al final de El mito bolchevique y después de ser testigo de infinidad de hechos intolerables en los que trató de vislumbrar la intención revolucionaria del nuevo poder, lo expresa de la siguiente manera: "El bolchevismo es el pasado. El ser humano pertenece al ser humano y su libertad". Hay que decir que Berkman consideraba tiempo atrás que Lenin y los bolcheviques eran la auténtica vanguardia de la emancipación social de los trabajadores. Hasta que no observó él mismo la realidad, creyó de alguna manera eso de que los marxistas, en última instancia, son anarquistas y solo confían temporalmente en la toma del poder revolucionario para acabar convirtiendo en innecesario el Estado; Marx y Engels aseguraron que el poder político era solo un medio temporal, el Estado iría gradualmente desapareciendo, ya que sus funciones se convertirían en innecesarias y obsoletas. Incluso, confiando en ello, Berkman atenuó durante cierto tiempo las críticas a los bolcheviques, a los que consideraba acosados por los más implacables enemigos, procurando la cooperación de todas las facciones revolucionarias. La acumulación continua de evidencias hizo que Berkman comprobara que los bolcheviques habían convertido la revolución en un monstruo grotesco basado en la brutalidad organizada; la lucha de clases, ese fundamental concepto socialista, se había convertido en una guerra de venganza y exterminación.

Y, como es sabido, la Revolución rusa no fue una consecuencia legítima de los postulados de Marx, ya que el desarrollo de las fuerzas productivas no habían tenido el debido desarrollo dentro del capitalismo, fundamental según Marx para que se produzca el aumento y organización del proletariado; nada de eso había ocurrido en Rusia, país eminentemente rural en el que no existía antagonismo entre el desarrollo del capitalismo (inexistente) y la clase obrera industrial (débil). A pesar de ello, Lenin creyó ver una serie de condiciones favorables para llevar a cabo una revolución supuestamente socialista que, si bien pudo tener en un principio unos rasgos libertarios basados en las justas aspiraciones del pueblo, enseguida derivó haca una actitud de desconfianza hacia las masas, utilizó el terror como medio y adoptó una fuente indiscutible de verdad, el Estado, destruyendo toda iniciativa individual o colectiva. Si la teoría de Marx y Engels consideraba el Estado como un medio temporal para que el proletariado acabara con sus adversarios, los bolcheviques otorgaron a ese axioma sociopolítico un carácter universal. Tal y como consideraban los anarquistas desde el principio, el Estado, da igual la forma que adopte, y el esfuerzo constructivo revolucionario se convierten en incompatibles.

La obra de Berkman cubre el periodo del comunismo militar y de la denominada NEP (nueva política económica, que no es sino la introducción del capitalismo en Rusia, una mezcla entre monopolio estatal y negocios privados). Entre 1919 y 1921, momento de la invasión extranjera, de la guerra civil y del bloqueo, los bolcheviques mantenían la promesa de que la política de terror y persecuciones cesaría después de ese periodo; eso explica el apoyo y la esperanza de gran parte del pueblo ruso y la cooperación por parte de la mayoría de los elementos revolucionarios. Después de aquellas amenazas, el régimen de terror se mantuvo y aumentó la insatisfacción en varias zonas del país; de ahí, por ejemplo, el levantamiento de los marineros, soldados y obreros de Kronstadt, finalmente aniquilado de manera cruenta por orden de Trotski. La dictadura comunista se mantuvo siempre con una represión extendida incluso a la propia cúspide del Partido, y, además, se acabó introduciendo el capitalismo; nunca pudo calificarse aquello de dictadura del proletariado, ya que los obreros estaban más esclavizados políticamente y explotados económicamente, según relata Berkman, que en cualquier otro país.

La represión de la vida cultural y social de un país produce depresión y estancamiento; el ser humano y la sociedad necesitan, al menos, cierto grado de libertad, de seguridad, de derecho a llevar a cabo iniciativas personales y de liberar sus energías creativas para el progreso económico y en todos los ámbitos de la vida. Berkman consideró que era imperativo denunciar el engaño, ya que los obreros occidentales podían caer en el mismo engaño que sus hermanos en Rusia.

J.F. Paniagua

Publicado en el número 301 del periódico anarquista Tierra y libertad (agosto de 2013)


22/1/22

¿Quién se enfrentó al ejército sublevado en la guerra civil?

El régimen actual, versión modernizada y algo más suave (o al menos hasta 2020) del franquista, nos ha vendido una visión mitificada de la guerra civil en la que el gobierno republicano luchó, en un bando unilateral junto con el pueblo, contra el ejército sublevado. Los franquistas de hoy ofrecen también una versión maniquea en la que el fascismo patrio, apoyado por el internacional, trataba de salvar al pueblo de las garras del "comunismo".

Aquí ni unos ni otros se entretienen en matices, no sea que así se apague la aureola de gloria de la que se han rodeado. Una aureola que apesta un poco, dicho sea de paso.

Advierto antes de continuar a aquellos que quieran usar mi legítima crítica al gobierno republicano y al Partido Comunista en su propio beneficio de que se abstengan. Lo digo porque es costumbre de los neonazis que pululan por Internet, quizás por su falta de creatividad, utilizar todo lo que sirva para atacar a sus "enemigos", aunque la crítica provenga de personas que detestan el fascismo, tal como hizo un periódico digital de la extrema derecha con unas palabras de Evaristo Páramos tomadas de una revista de rock en la que fue entrevistado. Muy coherente todo. 

Decía que unos y otros nos han mostrado una visión maniquea de la guerra civil, pero si tenemos la paciencia y el coraje de profundizar, comenzaremos a ver aquel trágico acontecimiento desde otra perspectiva. Mencionaba en mi reflexión anterior el libro "Por qué perdimos la guerra", del anarquista Diego Abad de Santillán y "Homenaje a Cataluña" del conocido novelista Orwell. Ambas son lecturas complementarias, ciertamente y como hace notar el inglés, no libres de total imparcialidad, pero que nos ayudan a comprender mejor quiénes fueron los protagonistas de la lucha por la libertad. 

George Orwell se ofreció para ayudar en la guerra y entró a formar parte de la milicia del POUM, un partido marxista crítico con el estalinismo. Estuvo en el frente de Aragón desde enero de 1937 y, en mayo, estando de permiso, vivió en primera persona los acontecimientos ocurridos en Barcelona en ese momento. 

Diego Abad de Santillán, miembro de la FAI, se encontraba en Barcelona ya en el 36 y fue uno de los que liberó la ciudad del ataque golpista durante la noche del 18 al 19 de julio, algo que narra en su libro y que resulta imprescindible conocer, pues comprobamos que fue el pueblo el que realmente defendió la ciudad y quien, a partir de aquel momento, se dejó la piel en una guerra, no lo olvidemos, iniciada por unos militares fascistas que representaban a los grandes terratenientes y al clero. 

Desde antes incluso del golpe, el gobierno republicano se muestra un tanto indiferente y es el pueblo, militante de organizaciones socialistas, comunistas o anarquistas, o no militante, el que se organiza para defender la libertad que tenía, que si bien no era completa, al menos su situación no era tan terrible como lo fue bajo la dictadura franquista. 

Las páginas que dedica Abad de Santillán a describir la manera en que obreros y campesinos se organizaron son fascinantes. En los primeros meses de la guerra, las fábricas de Barcelona eran controladas directamente por los trabajadores. De manera espontánea, los campesinos, no solo de Cataluña, crearon colectividades agrarias, de manera que pudieran proporcionar alimento para todos. A pesar de la gestión obrera de la industria, en el frente no había suficientes armas, algo que también explica Orwell, y se carecía asimismo de otras materias necesarias para proveer a las milicias (por no mencionar todo lo que se necesita en una situación de guerra). Las peticiones que hacía una y otra vez el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña al Gobierno de Madrid eran desatendidas: ni armas, ni materias primas, ni el control de fábricas de otras ciudades en desuso, ni tampoco dinero del Banco de España para comprar a otros países lo que necesitaban.

El Gobierno demostró que consideraba mucho más importante seguir teniendo el control que vencer a los sublevados y poco a poco se fue haciendo más explícita su oposición a la gestión por parte del pueblo y de las distintas organizaciones. El sueño obrero, aunque en esas lamentables circunstancias, se estaba viendo cumplido. Durante un tiempo, fue más importante la solidaridad de clase que las siglas (CNT, FAI, POUM, UGT...). Pero esta situación duraría poco.

El Comité de Milicias Antifascistas es disuelto en septiembre de 1936. En mayo de 1937, el Gobierno ocupa la Central Telefónica, que estaba siendo gestionada por la CNT, iniciándose disturbios acerca de los que la prensa española y la extranjera emprenden una campaña de propaganda contra CNT y POUM. En "Homenaje a Cataluña" se incluyen algunos titulares y fragmentos de diarios ingleses como ejemplo. Se acusa al POUM de estar al servicio de los fascistas e incluso aparecen por la ciudad carteles difamándolo. Sus miembros son perseguidos y encarcelados, algunos desaparecidos. Aún hoy, ni siquiera se sabe con certeza cómo murió Andreu Nin, uno de los fundadores del partido. Orwell y otros extranjeros se vieron en apuros y tuvieron que dormir en la calle varias noches solo por haber luchado en la milicia del POUM, aunque no se hubiesen afiliado al partido. Recomiendo leer al menos los apéndices 1 y 2 del libro de Orwell, que es un intento por esclarecer las causas de los sucesos de mayo del 37. 

La consecuencia fue que los trabajadores perdieron el control de las fábricas y el Gobierno también persiguió las colectividades agrarias. Los dos autores mencionados, por separado, llegan a la misma conclusión: se trató de una contrarrevolución, de un intento exitoso de apagar la revolución obrera que se había iniciado. 

Aunque la gestión de la guerra por parte del pueblo pudiese tener fallos, mostró ser mucho más eficiente que la posterior gestión gubernamental centralizada y al servicio de la URSS. 

Los primeros en empuñar un arma; en jugarse la vida (Francisco Ascaso murió el 20 de julio, recién iniciado el levantamiento); en ir al frente mal equipados, sin apenas munición, donde pasaron noches a la intemperie en una trinchera, comidos por los piojos; los que, sin ningún interés personal, sino por pura solidaridad de clase, dedicaron jornadas a trabajar en las fábricas, campos, hospitales, etc. para ayudar a sus congéneres... fueron unos perseguidos y otros puestos bajo el control de la burocracia y apartados de decisiones que les concernían directamente. Lo que el gobierno republicano no entendió es que el pueblo no luchó por defender la República, sino que la República tenía el deber de luchar por el pueblo, algo que no hizo al negarse a poner a disposición del mismo armas, materiales o al menos oro para adquirirlos.

Dicho todo esto, añado aquí unas líneas que pueden servir como complemento al artículo que escribí sobre la propaganda anticomunista. Para referirse a los miembros del Partido Comunista, los autores mencionados utilizan la palabra  "comunistas", lógico desde un punto de vista léxico, pero no desde el semántico (significado). En esta era de la confusión y la desinformación, cuando una persona con una formación normal e incluso alta escucha o lee "comunista", dependiendo de diversas cuestiones, va a pensar en algo muy malo y peligroso, casi diabólico, o en algo abstracto. Y es que, como ya advirtió Malatesta en un escrito, conceptos como este se pueden interpretar de diferentes maneras, ya que han sido usados por diversos teóricos, así que es imprescindible situarlos en su contexto lingüístico, histórico, social y cultural. Y en el contexto de la guerra civil, "comunista", al menos en los libros a los que nos hemos referido aquí, se emplea normalmente como sinónimo de estalinista, mientras que al POUM se le llama marxista (también lógico desde una perspectiva léxica). El hecho de que el Partido Comunista de España y la Rusia de Stalin hayan cometido innumerables atrocidades, llegando el primero a condenar al pueblo a la derrota ante el fascismo, es empleado por neonazis, derechistas, nostálgicos del franquismo y neoliberales para atacar a todo el comunismo, incluso al no estalinista. Y ya de paso meten en el mismo saco a todos aquellos movimientos que pueden hacer peligrar el dominio burgués, como, además del comunismo, el socialismo y el anarquismo. Este último lo atacan de una manera más retorcida aún, haciendo pasar la "libertad", o más bien el privilegio de explotar a la clase obrera, por la libertad defendida por los anarquistas, la cual también es colectiva, llegando a inventar ese engendro léxico llamado anarcocapitalismo, o haciéndose pasar sus defensores por anarquistas o revolucionarios. Las campañas de todo tipo que se llevan haciendo desde el principio para acabar con el anarquismo darían para una enciclopedia.

El comunismo, pues, nada tiene que ver con lo que Stalin hizo en Rusia o con lo que hicieron partidos europeos llamados comunistas. Tampoco el PCE actual tiene nada de comunista, ni el PSOE de socialista. Yo puedo hacerme una tarjeta donde ponga "astronauta" debajo de mi nombre, con un logo convincente y un diseño profesional, pero eso no cambia la realidad de que me mareo hasta en un ascensor y de que la luna la veo desde la ventana, desde la calle o desde el monte, pero nunca desde fuera de la atmósfera terrestre. 

Post Scriptum: la guerra civil fue una etapa compleja de nuestra historia que no se puede resumir en un artículo. Aquí solo he tratado de ofrecer una perspectiva más justa y alejada del maniqueísmo habitual, pero faltan muchísimos elementos y circunstancias imprescindibles para una mejor comprensión. No podemos olvidar que parte del pueblo se vio obligada a luchar en el bando nacional, tal como explica el libro "Soldados a la fuerza" de James Matthews, muy bien documentado, por cierto. Y otros no se sentían concernidos con la lucha. Barcelona tenía unas circunstancias específicas y muy diferentes de las de otros territorios. Lo importante de todo lo dicho es reconocer el mérito de quienes tenían claro que su lucha iba de la mano de la revolución, si bien algunas decisiones resultaron palos en las ruedas, y bajar del pedestal a quienes los traicionaron.